Mostrando entradas con la etiqueta Santas Escrituras. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Santas Escrituras. Mostrar todas las entradas

sábado, 13 de febrero de 2021

¿CÓMO ACTÚA LA MISERICORDIA DE DIOS? EL ENCUENTRO DE JESÚS Y ZAQUEO

 


Gracia y Paz de parte de Dios nuestro Padre y de Cristo Jesús nuestro Señor. (2 Cor 1, 3).

 Solo en la medida que hemos experimentado la Misericordia de Dios en nuestras vidas, podremos comprender la necesidad que tenemos de ser misericordiosos con los demás, sin juzgarlos por sus pecados o errores, sin creernos mejores cristianos que otros. Eso no nos corresponde a nosotros hacerlo. Dios es un amante de la humanidad y no quiere la muerte del pecador, al contrario, quiere que tenga vida. No olvidemos que creemos y oramos a un Dios Padre Misericordioso.

 La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo permanezcan con todos ustedes. (2 Cor 13,13).

 

Jhoani Rave Rivera (C.O.P.S.)

¿CÓMO ACTÚA LA MISERICORDIA DE DIOS?  EL ENCUENTRO DE JESÚS Y ZAQUEO

El evangelio de San Lucas tiene por objetivo comunicarnos la liberación que Jesús ha venido a otorgarnos a todos. Jesús es el Señor que libera, pero esa salvación que el Señor nos concede la realiza desde la misericordia. Recordemos que la misericordia no es un simple sentimiento; consiste en una virtud muy importante: dar algo de mí mismo a la pobreza del corazón de mi hermano. En la narración que vamos a leer observaremos el corazón pobre de Zaqueo. Un corazón falto de perdón y comprensión. Jesús ejerce con el duro cobrador de impuestos el difícil arte de la ternura. La misericordia de Jesús se transforma en perdón y devuelve a la vida de Zaqueo la humanidad perdida.

1. Situación de la narración en el conjunto del Evangelio.

  El fragmento que nos cuenta la historia de Zaqueo (19,1-10) se halla ubicado en la sección central del evangelio: el viaje de Jesús con sus discípulos desde Galilea hasta Jerusalén (9,51-19,27). Durante toda esta larga sección, Jesús dedica la mayor parte de su tiempo a instruir a los discípulos. De alguna manera Jesús se hace Palabra dispuesta a preparar a sus amigos para vivir el tiempo de la Iglesia. Jesús enseñará a los discípulos que la verdadera misericordia pasa siempre por el perdón.

 Notemos un segundo detalle, especialmente importante, en cuanto a la posición del texto. La narración de Zaqueo se halla, prácticamente, al final de la sección del viaje a Jerusalén y justo antes del inicio de los relatos concernientes a la pasión del Señor. Al final de su largo viaje Jesús enseñará a sus discípulos a convertir la misericordia en perdón.

 Al final de su vida, en el dolor de la Cruz, Jesús también convertirá la misericordia en perdón: "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen" (23,34). Al final de su viaje y al término de su vida, Jesús nos enseña la virtud de saber perdonar. ¿No será que la capacidad de perdonar es la mejor manifestación de la auténtica misericordia?

 El Nuevo Testamento lleva siempre a su plenitud algún aspecto del Antiguo Testamento. Este episodio presenta similitudes y diferencias con otro muy importante de la Antigua Alianza: la entrada de Josué en la Tierra Prometida conquistando la ciudad de Jericó (Jos 6). El pueblo de Israel, guiado por Moisés, había emprendido un largo periplo desde Egipto hacia la Tierra de Promisión. Josué llega a la ciudad de Jericó, y por la fuerza de las armas toma aquella villa. La conquista le permite entrar en Tierra Santa y tomar posesión del país que Dios había otorgado a sus antepasados. Antes de tomar la ciudad, Josué se encuentra con una mujer marginada: Rahab. Ésta le ofrece una hábil estrategia para tomar fácilmente la ciudad sin necesidad de perder ningún guerrero en el combate. Una vez que ha conquistado Jericó, y como acto de gratitud, Josué ejerce la misericordia con aquella mujer y con su familia permitiéndoles seguir con vida (Jos 6,22-23).

Jesús, guiando a sus discípulos, emprende también un viaje desde Cafarnaúm a Jerusalén. Jesús llega a Jericó y conquista aquella ciudad representada por Zaqueo. No lo hace con el poder militar, sino con la fuerza de la misericordia convertida en perdón. Desde Jericó, el Señor se dirige a tomar la Ciudad Santa, pero no lo hará con el poder de las armas sino desde la debilidad de la Cruz. También, en Jericó, ejerce el Señor la misericordia con alguien marginado: el cobrador de impuestos.

 Apreciemos la importancia que tiene la situación del fragmento en el conjunto del evangelio. La simple posición de este texto nos enseña tres cosas: Jesús se hace Palabra enseñándonos el perdón; prepara la actitud del creyente ante las adversidades de la vida representadas por la pasión; y, finalmente, nos indica la culminación y superación del Antiguo Testamento en el Nuevo.

 

2. Lectura del texto (19,1-10)

 

Entró Jesús en Jericó y comenzó a atravesar la ciudad. En esto un hombre llamado Zaqueo, que era jefe de recaudadores y muy rico, trataba de distinguir quién era Jesús, pero la gente se lo impedía, porque era bajo de estatura. Para verlo se adelantó corriendo y se subió a una higuera, porque tenía que pasar por allí. Al llegar a aquel sitio, levantó Jesús la vista y le dijo:

-Zaqueo, baja enseguida, que hoy tengo que alojarme en tu casa.

 Él bajó en seguida y lo recibió muy contento. Al ver aquello murmuraban todos: - ¡Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador!

Zaqueo se puso en pie y le dijo al Señor:

-Mira, la mitad de mis bienes. Señor, se la doy a los pobres, y si a alguien le he sacado dinero, se lo restituiré cuatro veces.

Jesús le contestó: -Hoy ha llegado la salvación a esta casa, pues también él es hijo de Abrahán. Porque el Hijo del Hombre ha venido a buscar lo que estaba perdido y a salvarlo.

 

3. Elementos del texto.

 a) Jericó.

 La ciudad de Jericó era un núcleo urbano importante, situado de manera estratégica entre las regiones de Judea y Perea. Al ser zona fronteriza disponía de un servicio de aduanas y de una guarnición militar relativamente grande. También era zona de intercambios comerciales al confluir en ella un nudo de comunicaciones significativo. El rey Herodes construyó al lado de la ciudad antigua una ciudad nueva y la dotó de palacios y termas.

La situación comercial, fronteriza, aduanera y militar, otorgaba a la ciudad un ambiente cosmopolita un tanto alejado del cumplimiento estricto de las leyes judías referentes a la moral. La presencia de soldados, comerciantes y numerosos viajeros hacían que la ciudad fuera en cierta medida una urbe con muchos lugares de diversión. Desde una perspectiva histórica, la ciudad había gozado de un gran prestigio. Recordemos que es una de las ciudades más antiguas que se conocen, y el AT le concede un gran papel (Jos 6- 7).

 b) Zaqueo.

La palabra "Zaqueo" es un diminutivo de "Zacarías", nombre que significa probablemente: "El Señor se acuerda de nosotros". El nombre es un diminutivo popular que posiblemente era utilizado como apodo; indica por tanto que la persona era muy conocida.

Su profesión consiste en cobrar los impuestos. En la época de Jesús las contribuciones gravaban muy duramente al pueblo judío. El sistema impositivo era muy severo y, capilarmente, llegaba a todos los estratos de la población. Cobraban impuestos los romanos, pero también los cobraba el rey Herodes, y había que pagar además un pequeño diezmo al Templo.

El impuesto realmente duro y gravoso era el impuesto cobrado por los romanos. El cobro se realizaba, a veces, de forma violenta y mediante la extorsión y el abuso. Generalmente se exigía mucho más de lo que una persona podía pagar, lo que implicaba el empobrecimiento progresivo de la población y en algunas ocasiones la reducción a la esclavitud de los deudores insolventes.

Zaqueo era muy rico debido a su oficio de jefe de publícanos. Cobrar impuestos permitía realizar cualquier arbitrariedad, lo que repercutía en el rápido enriquecimiento del cobrador. El hecho de ser recaudador implicaba que Zaqueo fuera mal visto y, a la vez, muy temido por las gentes. Como él mismo confesará, el ejercicio de su profesión había dado lugar a que cometiera algunas injusticias, como hacían habitualmente los recaudadores de entonces.

 Era pequeño de estatura, la gente no le permite ver pasar a Jesús. Tal vez fuera una persona dada a protagonizar gestos curiosos, observemos lo que nos dice el texto: corre entre la gente y se sube a un sicómoro. Nos da la impresión de un personaje pintoresco: pequeño, lo conocen mediante un mote, la gente lo teme, se ha enriquecido a costa de los demás, es un colaboracionista del dominio romano. El hecho de ejercer la profesión de recaudador de impuestos implicaba la exclusión de la vida religiosa del resto de los judíos. Los cobradores eran un tipo de gente despreciada, pero también muy temida a causa de su dinero y su poder coercitivo.

 Jesús llevaba bastante tiempo predicando, era ya un personaje famoso que estaba a punto de cruzar Jericó de paso hacia Jerusalén. Entonces Zaqueo intenta ver a Jesús. Entre la multitud abigarrada quiere ver quién es aquel personaje, tan famoso, que cruza la ciudad.

 Zaqueo intentaba ver a Jesús, pero no podía. Su pequeña estatura y la muchedumbre de gente que se agolpaba en torno se lo impedía. La gente no solamente le impedía ver a Jesús físicamente, se lo imposibilitaba también moralmente: Zaqueo era un cobrador de impuestos, pequeño, excluido de las prácticas religiosas judías, motejado; quizás, no amado por nadie, pero sí temido por todos.

 Estas ideas de la gente respecto de su persona, ciertamente habrían influido en su manera de pensar y de percibir su existencia. La vida de Zaqueo ya estaba modelada; él se enriquecía cobrando impuestos y sus conciudadanos lo temían y odiaban: no era posible cambiar nada. La salvación, la misericordia, la persona de Jesús, pasa a su lado, pero nada ni nadie -según su forma de pensar- puede hacer nada por su vida. Su suerte está echada para siempre, su modo de vida lo ha empequeñecido y el desprecio de los demás le impide detectar un futuro distinto.

 

 c) La gente La gente le impedía ver a Jesús.

 La gente no significa sólo un grupo de personas; también significa lo que piensa la gente. La opinión de las personas respecto de Zaqueo hace imposible que aquel hombre vea a su salvador. Cuando Jesús se ha alojado en casa de Zaqueo, la gente murmura. Critican duramente la decisión de Jesús: "¡Ha ido a hospedarse a casa de un pecador!". Zaqueo es un pecador. ¡Qué palabra más dura! Un hombre perverso que ha roto sus relaciones con Dios. Un hombre impuro, uno que no tiene derecho a cambiar de vida, ni a liberarse. Una persona a la que no se permite sentirse bien junto a Dios, ni contemplar el rostro de Jesús.

 La opinión de la gente hace de Zaqueo un hombre pequeño para siempre. La muchedumbre traba al cobrador de impuestos su contacto con Jesús. Todos somos hijos de Dios, pero a veces, lo que de nosotros se piensa y se opina nos disminuye, sobre todo si nadie nunca nos ha valorado en aquello que realmente somos.

 d) Jesús.

 Jesús cruzaba la ciudad en dirección a la Ciudad Santa, en la que iban a tener lugar los acontecimientos que recordamos el Domingo de Ramos. Jesús llega a Jericó con fama de salvador, por eso lo rodea una multitud de curiosos. Pero la única persona en la que el Señor fija su atención es en Zaqueo. La forma de vida de Zaqueo con relación a su pueblo era injustificable. En cambio, Jesús es a la única persona que mira.

 Jesús tiene con Zaqueo una actitud caracterizada por dos verbos:

  se fija en él "levantando los ojos" y le "habla"; verbos muy sencillos y a la vez muy profundos:

 - Levantar la vista: ...levantó Jesús la vista...

 Recordemos el caso de Jesús cuando levanta los ojos al cielo y el evangelio nos dice: "Jesús tomó los cinco panes y los dos peces, alzando los ojos al cielo, los bendijo, los partió y los dio a los discípulos para que sirvieran a la gente" (Lc 9,16). El fragmento se encuentra en la multiplicación de los panes.

 El verbo significa "mirar en profundidad", "mirar con la intención de hacer el bien", "con la intención de ejercer la misericordia". El mismo verbo ha sido utilizado en el fragmento anterior del evangelio (18,35-43) con la intención de devolver la vista a un ciego. Mirar en profundidad no es ver detalladamente la realidad; es mirarla con el deseo de transformarla desde la misericordia y la ternura.

  - Decir: ... y le dijo...

 Este verbo no significa, simplemente, el hecho de pronunciar sonidos con los labios. Su acepción más genuina es la de "comunicar" algo que tiene una fuerte repercusión en la vida de quien lo escucha. Para aclarar el sentido del término hagamos una breve referencia al AT.

 El pueblo de Israel padece en Babilonia la dureza del exilio. El pueblo clama al Señor y le pide ayuda. Entonces Dios, mediante un profeta, le dirige su palabra de sosiego: "Consolad, consolad a mi pueblo, dice vuestro Dios; hablad al corazón de Jerusalén, gritadle: que se ha cumplido su servicio..." (Is 40,1).

 El "decir" de Dios a su pueblo no se limita a pronunciar palabras. Comunica el consuelo a Israel y le anuncia la pronta liberación. El "decir" de Dios cambiará radicalmente la vida de los exiliados. Cuando Dios habla se revela. La llamada de Jesús a Zaqueo es la revelación de Dios, y su mirada transmite su misericordia.

 Jesús le dice: "...baja en seguida, porque hoy tengo que alojarme en tu casa". Observemos que Jesús no le recrimina nada a Zaqueo de su vida pasada; y objetivamente -al ser cobrador de impuestos- habría muchas cosas que reprocharle. Convengamos que es bastante lógica la reacción de la gente ante la actitud de Jesús: Zaqueo era un pecador y, en general, mal visto por los judíos.

 Hay un detalle en el texto que no debe pasarnos por alto. Jesús dice a Zaqueo: "...hoy tengo que alojarme en tu casa...". Esta expresión tan sencilla "tengo que" la utiliza Jesús en algunos momentos cruciales de su vida:

 Cuando Jesús se ha perdido en el Templo y sus padres le encuentran entre los doctores, él les dice: "¿No sabíais que yo tenía que estar en la casa de mi Padre?" (2,49). Más adelante dirá: "También a los otros pueblos tengo que anunciarles el reino de Dios; para eso me han enviado" (4,43). Comenta a los discípulos: "El Hijo del Hombre tiene que padecer mucho, tiene que ser rechazado por los senadores..." (9,22); "...tengo que seguir mi viaje, porque no cabe que un profeta muera fuera de Jerusalén" (13,33); "...porque os digo que tiene que cumplirse en mí lo que está escrito..." (22,37); etc.

 La vida de Jesús no es fruto de la improvisación ni resultado de la casualidad. La vida de Jesús responde a un proyecto: "El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido para que dé la buena nueva a los pobres " (4,18). La vida de Jesús da plenitud al proyecto de Dios en favor de los hombres: "...todo lo escrito en la Ley de Moisés y en los Profetas y Salmos acerca de mí tenía que cumplirse" (24,44). Por eso el Señor "...tiene que..." hospedarse en casa de Zaqueo, porque Él es la liberación de Dios entre los hombres. Nunca nadie se ha preocupado de que Zaqueo fuera humanizado, por eso es necesario que Jesús mismo emprenda esta tarea.

 Zaqueo obedece a Jesús y hace exactamente lo que Él le ha dicho. Por el contrario, la multitud se siente sorprendida y molesta con el gesto de Jesús: no pueden entender la razón que lleva a Jesús a hospedarse en casa de un pecador. Zaqueo adquiere ante Jesús una doble actitud:

  - Está de pie: ...Zaqueo se puso en pie...

 Estar en pie ante alguien es el verbo que expresa la dignidad humana. La mirada de Jesús y sus palabras han devuelto la dignidad personal a Zaqueo. Antes el texto nos lo había presentado como un personaje de baja estatura a quien la gente impedía ver el paso de Jesús. La mirada y la palabra de Jesús, le ha devuelto la dignidad de saberse alguien ante los demás y ante sí mismo.

 Recuperar la dignidad, ponerse de pie, es una metáfora del perdón. Cuando recibimos el perdón recuperamos y aceptamos nuestra auténtica humanidad. Solamente el perdón libera. Únicamente el perdón, a pesar de nuestras bajezas, nos permite estar de pie ante el Señor y ante los hermanos.

- Jesús es el Señor: ... y dirigiéndose al Señor le dijo... Cuando Zaqueo subió al sicómoro, quizá, sólo pretendía ver a un personaje famoso, buen orador y con fama de milagrero. Pero ese personaje le ha hablado y lo ha mirado, y con estas acciones le ha devuelto su dignidad de persona. Zaqueo ha sido perdonado.

 Después de este encuentro personal y trascendental en su vida, Jesús ya no puede ser simplemente un personaje famoso e interesante. A partir de ahora Jesús es el Señor. El que ha cambiado para siempre su corazón. Zaqueo ya no servirá más a los pequeños señores a quienes daba culto: el dios del miedo que infundía a sus vecinos, y el dios de la soledad y el aislamiento con el que le pagaban las gentes. Zaqueo ha llegado a la fe, ha descubierto a Jesús como el único Señor de su vida.

 e) La conversión.

 Únicamente quien ha recibido el perdón es capaz de convertirse. Habitualmente nuestra mentalidad es distinta. Cuando nuestra vida se desenvuelve en el mal, pensamos que lo primero que hay que hacer es un esfuerzo personal por convertirnos. Creemos que cuando nos hayamos vuelto buenos a causa de nuestro esfuerzo, entonces Dios nos perdonará. Los ojos humanos contemplan este proceso: pecado, conversión, perdón. Pero los ojos de Dios siguen un proceso distinto: pecado, perdón, conversión. Observemos este camino en la narración de Zaqueo.

 Zaqueo es ciertamente un pecador. Pero es Jesús quien primero lo mira y le habla. Son los ojos y la voz de Jesús los que devuelven la dignidad a Zaqueo. Al haber oído la palabra de Jesús y haber percibido su mirada, Zaqueo se pone de pie y lo reconoce como Señor. La misericordia de Jesús, transmutada en perdón, ha puesto de pie a Zaqueo. El recaudador de impuestos ha aceptado la mirada del Señor, ha sido perdonado; ahora ya puede convertirse.

 ¿Qué significa convertirse? Convertirse es transformar en obras de misericordia el perdón que gratuitamente hemos recibido de Dios. Zaqueo se convierte: comienza a traducir en misericordia el perdón significado en la mirada y en la palabra de Jesús: -

 “La mitad de mis bienes, Señor, se la doy a los pobres...”

 En tiempos de Jesús un grupo religioso importante era el de los fariseos. Se caracterizaban por cumplir la Ley de una manera muy estricta. Esta conversión, dar la mitad a los pobres, sería un cambio muy pequeño, simplemente pasaría de ser un publicano a ser un fariseo. Cuando uno había robado alguna cosa, la Ley mandaba devolver el doble de la cantidad robada. Un fariseo se limitaría a observar esta prescripción, y devolvería el doble de lo robado. Si Zaqueo actuara así se limitaría a cumplir simplemente las normas de honradez, pero él va mucho más lejos...

“- ...y si a alguien le he sacado dinero, se lo restituiré cuatro veces más”

 Zaqueo muestra una gran generosidad. Su restitución se adecúa a las prescripciones más exigentes de la Ley: "Cuando un hombre roba un buey o una oveja y los mata o los vende, debe restituir cinco bueyes por cada buey y cuatro ovejas por cada oveja" (Ex 21,37); "lo que se ha robado debe devolverse con un recargo de una quinta parte de más" (Lv 5,21-24). Zaqueo devuelve mucho más de lo que la Ley prescribe. Quien ha recibido generosamente el perdón de Dios no pone límites al ejercicio de la misericordia. Entrega a la pobreza del corazón de su hermano mucho más de lo prescrito por las normas.

 f) El final de nuestra historia.

 ¿Por qué ha perdonado Jesús a Zaqueo? Escuchemos en la cálida voz del texto las palabras del Señor: "...pues también él es hijo de Abrahán". Por el mero hecho de ser persona humana (hijo de Abrahán) Zaqueo tiene capacidad de percibir la misericordia de Dios. Los hombres, simplemente en razón de nuestra propia humanidad, tenemos la dignidad plena para estar de pie ante Dios y recibir de él su perdón y su misericordia.

 "Hoy ha llegado la salvación a esta casa...":

 nuestra liberación consiste en aceptar la mirada y la voz que Dios nos dirige. La aceptación de la mirada de Dios nos otorga el perdón, y una vez perdonados podemos convertirnos y vivir en el amor. ¿Cuántas veces nuestra pequeñez y la opinión de la gente que nos rodea, nos impiden dejarnos mirar por Jesús?

 La última línea de la narración es especialmente significativa: "Porque el Hijo del Hombre ha venido a buscar lo que estaba perdido y a salvarlo". La finalidad de la acción de Jesús no es otra que la de liberar al oprimido por cualquier causa. Estas palabras nos traen el eco de otros fragmentos del evangelio, pero vamos a fijarnos solo en un elemento: el Hijo del Hombre.

 En tiempos de Jesús la gente esperaba ansiosamente la llegada de un salvador. Todo el mundo deseaba la llegada de alguien que desde el poder y con una apariencia deslumbrante trajera al mundo un tiempo de felicidad y de paz. Jesús es el Señor que aporta a todos la liberación esperada. Pero no nos la trae desde la apariencia deslumbrante, ni mediante una gran capacidad económica, ni tampoco a través de un poder apabullante.

 Jesús nos trae la liberación esperada, pero actúa de un modo completamente diverso al deseado por los hombres. Jesús libera mediante la actitud de servicio, la vida compartida y la existencia humilde. El AT, cuando se refiere a un personaje caracterizado por estas actitudes (compartir, servir y ser humilde), lo denomina Hijo del Hombre; por eso Jesús es el Hijo del Hombre esperado.

 Zaqueo se ha encontrado con Jesús, el Señor. Ese encuentro personal le ha permitido descubrir el auténtico señorío de Jesús, el Hijo del Hombre. El cobrador de impuestos sabe que, a partir de ahora, su vida ha de ser semejante a la de su verdadero Señor. La vida compartida, la existencia humilde y la actitud de servicio permitirán a Zaqueo verter en el corazón pobre de sus hermanos la misericordia que él mismo ha recibido gratuitamente de Jesús.

 4. Síntesis final.

  El evangelio de Lucas es el texto de la misericordia de Dios. Jesús es el Señor que nos trae la liberación mediante el ejercicio fiel de la misericordia. La misericordia no es un concepto sino una realidad que se manifiesta con muchas caras. El primer rostro de la misericordia de Dios con los hombres es el perdón. El episodio de Zaqueo nos muestra la misericordia de Dios convertida en perdón.

 Zaqueo es el prototipo de persona al que las circunstancias de la vida y sus propias acciones, le han llenado el corazón de amarga culpabilidad. La opinión de las gentes y su propio sentimiento de culpa hacen de Zaqueo una persona empequeñecida. Él piensa que en su vida no es posible ningún cambio. Únicamente es posible sobrevivir provocando miedo en los demás, y soportando la dura respuesta del odio y el desprecio.

 En el seno de este círculo vicioso hace acto de presencia inesperadamente Jesús de Nazaret. Él, con su mirada y su palabra, otorga el perdón a Zaqueo. Una vez perdonado, Zaqueo recobra su dignidad humana y, poniéndose de pie, reconoce a Jesús como el único Señor de su vida. El perdón permite a Zaqueo convertirse, y una vez convertido puede iniciar la senda del bien, que no es otra cosa que repartir entre sus hermanos la misericordia vertida por Jesús en su propia existencia.

 Jesús no libera a Zaqueo por casualidad. La vida Jesús es la encarnación del proyecto liberador de Dios entre los hombres. Jesús "tiene que" liberar al cobrador de impuestos porque para esta misión ha sido enviado. Pero Jesús libera de un modo muy especial. Él es el Hijo del Hombre que nos trae la liberación de Dios convertida en servicio, humildad y vida compartida.

 

Fuente: Frances Ramis Darder. 

Lucas, el Evangelista de la ternura de Dios

P. 57-67

domingo, 24 de enero de 2021

LA BIBLIA COMO FUNDAMENTO DE LA VIDA LITÚRGICA DE LA IGLESIA ORTODOXA


imagen disponible en
https://www.pinterest.es/pin/574701602428460316/


Gracia y Paz de parte de Dios nuestro Padre y de Cristo Jesús nuestro Señor. (2 Cor 1, 3).

 

Compartimos en esta entrada la presentación: La Biblia como Fundamento de la Vida Litúrgica de la Iglesia Ortodoxa. Por S.E.R. Metropolita Siluan Arzobispo de Buenos Aires y toda Argentina de la Iglesia Católica Apostólica Ortodoxa del Patriarcado de Antioquía. En esta exposición, el Metropolita Siluan nos describe este fundamento en 5 puntos fundamentales:

A-Descripción De Los Libros Bíblicos Litúrgicos

B-Los Textos Bíblicos Integrados En Los Oficios

C-La Cuestión De La Interpretación Y La Lectura Tipológica

D-El Problema De Traducción

E-La Biblia En La Oración Cotidiana: La Oración De Jesús.

 

La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo permanezcan con todos ustedes. (2 Cor 13,13).

Jhoani Rave Rivera (C.O.P.S.)

LA BIBLIA

COMO FUNDAMENTO

DE LA VIDA LITÚRGICA DE LA IGLESIA ORTODOXA[1]

Por S.E.R. Metropolita Siluan Arzobispo de Buenos Aires y toda Argentina de la Iglesia Católica Apostólica Ortodoxa del Patriarcado de Antioquía

A-DESCRIPCIÓN DE LOS LIBROS BÍBLICOS LITÚRGICOS

1.      La vida litúrgica basada en la Palabra de Dios (λογική λατρεία)

La vida litúrgica es basada en la Palabra de Dios (λογική λατρεία). El Apóstol Pablo dice: “Oraré con el espíritu, oraré con la mente, cantaré con el Espíritu, cantaré con la mente” (1 Corintios 14:15).  Si la condición de adoración basada en la Palabra de Dios está omitida, si los fieles “pronuncian palabras inteligibles”, entonces somos como aquellos que hablan "en el aire" (1 Corintios 14:9). Entonces, el culto se convierte en una adoración ilógica (άλογη λατρεία), o sea no basada en la Palabra.

2. La lectura de la Biblia en los oficios.

Para la lectura de la Biblia en los oficios litúrgicos, la misma no se hace a partir del libro único que llamamos "la Biblia", sino que se hace basándose en 4 libros específicos:

a) el libro de los Evangelios, 

b) el libro del Apóstol (Hechos y las Epístolas), 

c) el libro de los salmos, y 

d) el libro del Profetologio (pasajes del Antiguo Testamento). 

 Estos libros provienen del nivel más elevado de textos canónicos utilizados en la Iglesia y surgen de su misma vida litúrgica. Esta es la fuente de las cartas antiguas canónicas, como la carta pascual de San Atanasio el Grande en la que se enumeraba a todos los libros bíblicos. Cabe señalar que el libro del Apocalipsis e importantes pasajes del Antiguo Testamento no se leen según el Ordo litúrgico de la Iglesia Ortodoxa. Si un día la Iglesia lo considera oportuno, podrá incluir lecturas bíblicas de los mismos en su vida litúrgica.

Por otra parte, la lectura del Nuevo Testamento es casi total durante el año litúrgico.  Se extiende por todos los días del año, excepto durante la Gran Cuaresma, cuando la lectura del Nuevo Testamento está limitada a los días litúrgicos: sábados y domingos.

3. El libro del Evangelio El Evangelio se lee en cada Divina Liturgia.

Se comienza con la lectura del Evangelio de Juan el día de la Pascua, después, sucesivamente, se leen los evangelios de Mateo, Lucas y Marcos en el tiempo después de Pentecostés y que se extiende hasta la Cuaresma del año siguiente. 

En ciertas ocasiones, el Evangelio se lee también en los oficios de las Vísperas y de los Matutinos:

En las Vísperas del ágape del domingo de Pascua (en la que el pasaje del Evangelio se lee habitualmente en segmentos, en distintos idiomas); en las Vísperas de Navidad, así como de la Teofanía, y en Semana Santa.

En los Matutinos, se lee el Evangelio llamado el “evangelio de la Eothina” (o sea el evangelio de madrugada) los días domingos, pues se conmemora a la resurrección y por ello, dichas lecturas de la Eothina son 11 pasajes de los 4 evangelios que relatan las apariciones del Señor a los discípulos después de Su resurrección. De lo contrario, se lee el Evangelio relativo a las grandes fiestas señoriales que se celebran; o también, en caso de conmemorar a un santo, cuyo grado de festividades alto, se lee en los Matutinos el pasaje del evangelio que le corresponde. 

El Libro de los Evangelios se coloca sobre la mesa sagrada en el altar por lo que significa la presencia de Cristo. El Evangelio es leído por el sacerdote o el diácono. Lo escuchamos estando parados, porque es el mismo Jesús que nos habla directamente. 

El Evangelio se coloca siempre sobre la mesa Sagrada, con las siguientes excepciones: 

a) durante los momentos en los que se lee por el clero,

b) durante la procesión del Evangelio en la Liturgia Divina,

c)  en otras procesiones festivas, tal como en la procesión de los iconos del Domingo de la Ortodoxia, en la procesión del Domingo de Ramos, en la procesión del Epitafio del Viernes Santo, y la procesión de la vigilia de Pascua.

 4. El libro del Apóstol.

 El libro del Apóstol es leído por el lector. La secuencia de las lecturas comienza con el libro de los Hechos de los Apóstoles a partir del domingo de Pascua, y luego se continúa con la lectura de las epístolas, según el orden existente en la Biblia.

5. El libro del Profetologio

El libro de Profetologio o Paroimion contiene pasajes del Antiguo Testamento (la Ley y los Profetas) que se leen en las vigilias de los días festivos (Pascua, Navidad, Teofanía, Pentecostés...). Este libro contiene una gran parte del libro de Génesis, de Isaías y de Proverbios, que son leídas durante la Gran Cuaresma. Ahí encontramos las profecías que anunciaban la venida de Cristo, así como muchos episodios que preceden y preparan todo lo que se cumple en el Nuevo Testamento. Siempre es Cristo que buscamos en toda la Biblia. 

A título de ejemplo, leemos en las vísperas de Pascua los pasajes correspondientes al cruce del Mar Rojo (Ex. 13,20 a 15,19), la resurrección del hijo de la viuda de Sarepta (3 Reyes 17, 8-24) y del hijo de la sunamita (4 Reyes 4, 8-27), el sacrificio de Isaac (Génesis 22: 1-18), los tres jóvenes en el horno de Babilonia (Dan. 3, 1-88 en la versión griega), etc.

6. El libro de los Salmos

El Salterio es utilizado en los oficios de las Vísperas y de los Matutinos y se divide en veinte “cathismata” (stasis), de manera que todo el Salterio se lea durante la semana. Cada “cathismata” (stasis) está formada de 7 a 8 salmos de acuerdo a su longitud.

Cabe señalar que, en el ciclo diario de oraciones de la Iglesia Ortodoxa, todos los oficios están estructurados principalmente alrededor de los salmos. Cada oficio tiene salmos fijos que forman parte del mismo. Dichos oficios se encuentran en el uso monástico que parroquial, y siguen esta secuencia: Hora Nona, Vísperas, Completas, Media Noche, Matutinos, Hora Prima, Hora Tercia, Hora Sexta. 3

7. Los leccionarios (Kυριακοδρόμιον-"El curso de los domingos").

El leccionario (Αναγνώσματα, "lecturas") es una colección de lecturas bíblicas compiladas para el uso litúrgico en los servicios de la Iglesia para todo el ciclo anual.  Existen dos leccionarios para los dos ciclos anuales.  El primero es relativo a las lecturas continuas desde el domingo de Pascua hasta la Semana Santa del año siguiente, de acorde al ciclo móvil anual. Y el segundo es relativo a la sección del Menologion (correspondiente a los meses del año) y contiene las lecturas bíblicas para las fiestas litúrgicas desde el 1 de septiembre (inicio del año litúrgico) hasta el 31 de agosto.  Esto forma el conjunto de lecturas agrupadas para las solemnidades del ciclo anual fijo. El leccionario se formó en forma gradual.

Con el trascurso del tiempo, el leccionario se hizo cada vez más detallado y se llenó lentamente con lecturas bíblicas para cada día. El leccionario (de Evangelio) más antiguo remota al siglo IV; de hecho, el más antiguo fragmento de papiro de los Evangelios que conocemos puede ser incluso de un leccionario de Evangelio, aunque esto no se puede saber, ya que el fragmento es tan pequeño. Antes del siglo VIII, sólo 10 leccionarios son conocidos por nosotros, todos en forma fragmentaria.  A fines del siglo VIII, en el Monasterio Studion en Constantinopla, la Iglesia poseía un leccionario del Nuevo Testamento con al menos una lectura del Apóstol y del Evangelio para cada día del año. En 1904, el Patriarcado Ecuménico de Constantinopla (Iglesia Ortodoxa) autorizó un nuevo texto específico del Nuevo Testamento griego basado en estos leccionarios, preparado por un comité patriarcal organizado para tal fin: Η Καινή Διαθήκη, εγκρίση τη Μεγάλη του Χριστού Εκκλησία, Κωσταντινούπλη, 1904 (El Nuevo Testamento: con la autorización de la Gran Iglesia de Cristo, Constantinopla, 1904). Este texto, a veces llamado la edición Antoniades (Αντωνιάδες), sigue siendo la base de los leccionarios del Apóstol y del Evangelio (en griego, al menos) hasta nuestros días. Es el primer texto crítico autorizado, en base a los manuscritos, y es anterior a la primera edición de la serie de Nestlé. El comité patriarcal utilizó 130 manuscritos de leccionarios que se encuentran en Monte Athos, la mayoría de los cuales datan del siglo X al siglo XIV. Esta es la época de la que el mayor número de manuscritos conservados nos ha llegado. Algunos de estos manuscritos que llegaron a Monte Athos provienen de Constantinopla o del legado antioqueno de San Juan Crisóstomo. Es muy interesante observar que, con la publicación de la 26ª edición de Nestlé, muchas decisiones se tomaron para enmendar el texto de las ediciones anteriores de Nestlé, y una gran parte de estas decisiones han demostrado reivindicar texto autorizado de la Iglesia Ortodoxa (la Edición Antoniades), y que el texto tenía las "correctas" lecturas de hace casi un siglo atrás.

B-LOS TEXTOS BÍBLICOS INTEGRADOS EN LOS OFICIOS

1. Los salmos y los cánticos.

 En primer lugar, hay que mencionar los Salmos, que son la base de la oración cristiana. Todos los oficios (las oraciones de las Horas, la liturgia eucarística, los sacramentos) incluyen salmos, sin contar los versículos (prokimena y aleluya, versículos de los salmos que se cantan antes y después de la lectura de las epístolas) y fragmentos de versos insertados en todas las oraciones.

Además de los Salmos, una serie de textos se encuentran integrados como partes fijas de los oficios, a saber:

- Los cánticos bíblicos de las nueve Odas del canon de las oraciones de los Matutinos (los cánticos de Moisés, de Ana, de Jonás, de Daniel...).

- Los cánticos del Nuevo Testamento (las bienaventuranzas, el Magnificat, el cántico de Simeón...).

Por otra parte, destacamos la oración de Manasés, rey de Judá, que se encuentra en el libro de las Crónicas (Chr.  33:13), pero el texto no aparece en las Biblias occidentales.  Es una hermosa oración de arrepentimiento, que la Iglesia Ortodoxa ha integrado en el oficio de las Grandes Completas que reza en la Gran Cuaresma. 

He aquí un extracto:

 “Tú, Señor, Dios de las potestades, no has fijado el arrepentimiento a los justo, Abraham, Isaac y Jacob, que no han pecado contra Ti; pero Tú has fijado el arrepentimiento para mí, yo pecador; porque mis pecados son más que las arenas del mar en número... y yo no soy digno de mirar y fijar la vista contemplando la altura del cielo, por la multitud de mis iniquidades... Por tanto, ahora inclino la rodilla de mi corazón, suplicando Tu Bondad: ¡Yo he pecado, Señor, he pecado, ¡y reconozco mis iniquidades! pero humildemente Te pido, perdóname, Señor, perdóname, y no me destruyas con mis iniquidades”.

Esta oración hace eco de las palabras del Señor: "Lo que yo quiero, no es la muerte del pecador, sino que se convierta y viva" (Ez 33:11). 

2. Las oraciones expresadas en el lenguaje de la Biblia.

 Todas las oraciones de la Iglesia (la oración eucarística, todos los sacramentos, las oraciones de arrepentimiento, las oraciones antes de la Comunión, las oraciones de acción de gracias además de las oraciones en toda circunstancia) están basadas en la providencia de Dios para con nosotros, tal como Él nos la ha revelado, con el recuerdo de sus promesas y lo que Él ha hecho en la historia. Estas oraciones se relacionan estrechamente con la Biblia y están llenas de referencias y citas de la Biblia.  Eso lo que podemos encontrar tanto el discurso del Diácono Esteban (Hechos 7:2-53) y como el del Apóstol Pablo (Hechos 13:16-41), donde ambos presentan la historia del Antiguo Testamento para mostrar cómo se lleva a cabo la salvación en Cristo.

A título de ilustración, presentamos un extracto de la oración eucarística de la liturgia de San Basilio el Grande (que es un resumen de la historia de la salvación, de toda la Biblia):

"Pues, al modelar al hombre tomando polvo de la tierra, y al honrarlo con Tu imagen, lo pusiste, oh Dios, en el Paraíso de dicha, prometiéndole una vida inmortal y el gozo de los bienes eternos si observaba Tus mandamientos.”

“Pero cuando, seducido por la serpiente, Te había desobedecido a Ti, al Dios verdadero que lo habías creado, y fue sometido a la muerte por sus propias transgresiones, lo expulsaste, oh Dios, en Tu justa sentencia, del Paraíso a este mundo, y lo devolviste a la tierra de la que fue tomado, preparándole ya la salvación por la regeneración en la persona misma de Tu Cristo.”

 “No has rechazado, pues, para siempre a la creatura que habías modelado, oh Bueno, ni Te has olvidado de la obra de Tus manos, sino que, por las entrañas de Tu misericordia, lo has visitado de distintas maneras: enviaste a los Profetas, hiciste prodigios por medio de Tus santos que en cada generación Te complacieron, nos hablaste por la boca de Tus siervos los Profetas, anunciándonos anticipadamente la inminencia de la salvación. Tú has establecido la Ley como ayuda, y propuesto a ángeles como guardias.”

 “Cuando llegó la plenitud de los tiempos, nos hablaste en la persona misma de Tu Hijo, por medio de quien también habías hecho el universo. Él, siendo el resplandor de Tu gloria, huella de Tu persona, sosteniendo todo con Su palabra poderosa, no usó Su derecho de estar tratado como igual a Ti, Dios y Padre, sino, siendo Dios eterno, se mostró en la tierra y vivió entre los hombres.”

“Se encarnó de una Virgen santa, se despojó de Sí mismo tomando forma de siervo, se volvió conforme a nuestro cuerpo de bajeza, para hacernos conforme a la imagen de Su gloria...”.

C-LA CUESTIÓN DE LA INTERPRETACIÓN Y LA LECTURA TIPOLÓGICA

En la Iglesia Ortodoxa, se predica la Palabra tal como resuena en la plenitud de la Iglesia, como se vive en la conciencia de la Iglesia.

Ella no rechazó los métodos de exégesis moderna.  Pero es la comprensión patrística, y tal como se expresa en la liturgia, que es el método privilegiado. En ese sentido, se usa la lectura tipológica, que vamos a ver a nivel del Nuevo Testamento, de los Padres de la Iglesia y de la Himnografía de nuestra Iglesia.

 1. En el Nuevo Testamento.

 El Nuevo Testamento hace una lectura tipológica del Antiguo Testamento: los eventos bíblicos son vistos como prefiguraciones que anuncian lo que se cumplirá en el futuro, y lo actualizan con antelación. 

El Señor hace una lectura tipológica, interpretando las escrituras. Aquí van algunos ejemplos: 

-Las Escrituras dan testimonio de Él: "Ustedes examinan las Escrituras porque piensan tener en ellas la vida eterna. ¡Y son ellas las que dan testimonio de Mí!" (Jn 5:39).

-El signo de Jonás: "Porque como estuvo Jonás en el vientre de la ballena tres días y tres noches; así estará el Hijo del Hombre tres días y tres noches en el corazón de la tierra" (Mt. 12:40).

-La serpiente de bronce: "Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado; para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, más tenga vida eterna" (Jn 3:14-15).

Por otro lado, tanto el Apóstol Pablo como el Apóstol Pedro, recurren a este método en la interpretación de las Escrituras.

Aquí van algunos ejemplos: 

-Cristo es la roca: "Porque no quiero que ignoren, hermanos, que todos nuestros padres estuvieron bajo la nube y todos pasaron por el mar. En Moisés todos fueron bautizados en la nube y en el mar. Todos comieron el mismo alimento espiritual, y todos bebieron la misma bebida espiritual, porque bebían de una roca espiritual que los seguía. La roca era Cristo" (1 Cor 10:1-4).

-La profecía sobre la Resurrección: “Varones israelitas, escuchad estas palabras; Jesús de Nazaret, un hombre a quien Dios ha atestiguado ante ustedes con milagros, prodigios y señales que él tiene por él en medio de vosotros, como vosotros mismos sabéis, este hombre enviado de acuerdo al plan de detenido y anticipado conocimiento de Dios, crucificado y matado por la mano de los impíos. Dios levantó, sueltos los dolores de la muerte, por cuanto era imposible que fuese retenido por ella. Porque David dice de él (Salmo 15: 8-11): He visto al Señor siempre delante de mí, porque está a mi diestra, no seré conmovido. Por eso mi corazón se alegra, y se gozó mi lengua, Y aun mi carne descansará en esperanza, porque no dejarás mi alma en el infierno, y no permitirás que tu santo vea corrupción. Me hiciste conocer el camino de la vida, me llenarás de gozo con tu presencia. Hermanos, permítanme decirles libremente del patriarca David, que murió, fue sepultado, y su sepulcro está con nosotros hoy. Como él era un profeta, y sabiendo que Dios le había jurado con juramento asiento uno de sus descendientes en el trono, es la resurrección de Cristo planeó y anunció, diciendo que sería no dejada en el Hades y su carne vio corrupción" (Hechos 2:22-31).

El Apóstol Pablo hace la misma lectura en Hechos (13:34-37).

Cabe señalar que el Apóstol Pedro sigue la versión de la Septuaginta al citar el Antiguo Testamento citando al Salmo 15: 8-11. Señalamos que la Biblia hebraica habla de “seguridad” en lugar de “esperanza”, pero la resurrección es justamente una cuestión de esperanza, no de seguridad.

2. En la tradición patrística.

 Los comentarios de los Padres de la Iglesia siguen esta lectura tipológica. San Juan Crisóstomo, en su Comentario sobre Isaías[2], justifica la lectura tipológica cuando ya está contenida o implícita en el texto. Interpretando el Cántico de Isaías sobre la vid[3], Juan Crisóstomo comenta así: 

"Aquí nos encontramos con otra enseñanza: la de enseñarnos cuándo y para qué escrituras se debe recurrir a la alegoría, la de enseñarnos que no somos dueños de estas reglas, sino que es por fidelidad al pensamiento de la Escritura que debemos usar la explicación alegórica. He aquí lo que quiero decir: La Escritura utilizó aquí las palabras vid, prensa, valla; sin embargo, no dejó al autor la libertad de aplicar a su criterio estos términos a las cosas y las personas, sino que luego ella se interpretó diciendo: La viña del Señor Sabaoth es la casa de Israel”.

3. En la himnografía bizantina.

 Esta lectura tipológica de los Santos Padres ha pasado a la himnografía bizantina. Tomemos, por ejemplo, un himno de la fiesta de la Anunciación a la Virgen: 

"Gabriel se presentó delante de ti, joven Virgen, para revelarle el designio de antes de los siglos. Él te saludó diciendo:  Alégrate, tierra sin siembra; alégrate, zarza ardiente; alégrate, abismo insondable, alégrate, puente que conduce al cielo, escalera elevada que Jacob ha visto; alégrate, vasija divina que contiene el maná; alégrate, liberación de la maldición; alégrate, liberación de Adán, el Señor es contigo”

Señalamos que la zarza ardiente, la vasija que contiene el maná, el arca de la alianza, la escalera de Jacob, etc., son temas clásicos utilizados en la himnografía de las fiestas litúrgicas relativas a la Virgen María.

A nivel de la interpretación, la zarza ardiente (el fuego no consume la zarza, cf. Éx. 3) es una prefiguración de la maternidad virginal, o sea de la concepción y del parto que no destruyen la virginidad de la Madre de Dios. Además, anuncia el misterio de la encarnación e ilustra el dogma de Calcedonia:  Cristo, Dios verdadero y hombre verdadero, sin separación ni confusión.  Pero también habla del misterio de la comunión sacramental: el fuego de la divinidad que no consume nuestra humanidad.

D-EL PROBLEMA DE TRADUCCIÓN

1. El texto masorético y la versión del Septuaginta.

Hemos de recordar que, para la Iglesia Ortodoxa, como así también para la Iglesia primitiva, el texto de referencia para el Antiguo Testamento no es el texto hebreo, sino el texto griego de la Septuaginta (traducción establecida en Alejandría en el siglo III a.C. por los judíos de la diáspora que ya no entendían más el hebreo). El problema no se plantea para el Nuevo Testamento, porque el texto griego original es para todo el mundo.  San Jerónimo (siglo V) ya había utilizado manuscritos hebreos (hoy inexistentes) por su traducción latina (la Vulgata), pero en los Salmos, siguió la lectura de la Septuaginta, tanto la tradición era fuerte.

El texto hebreo más antiguo y completo es aquel compilado por los masoretas entre los siglos VII y IX d.C. Pero hoy en día, gracias a los rollos del Mar Muerto descubiertos en el siglo XX, sabemos que las versiones de la Biblia (hebreo y arameo) que se utilizaban en la época de Cristo, y por lo tanto antes del texto masorético, eran más cerca de la versión del Septuaginta. 

Todas las citas del Antiguo Testamento en el Nuevo Testamento (hay muchos en los Evangelios y más en las Epístolas) son tomadas de la Septuaginta. Cuando hay divergencia (los casos no son raros), es la traducción de la Septuaginta que está considerada como traducción inspirada.

2.      Ejemplo de traducción.

 Ya hemos visto el ejemplo del Salmo 15: "Mi carne descansará en esperanza". 

Otro ejemplo interesante es la profecía de Isaías que leemos en la Vigilia de Navidad. Aquí va la traducción del texto hebreo (Is. 7:14): "Por tanto, el Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emmanuel”. No me voy a detener sobre el caso bien conocido de este versículo: la "niña" del texto hebreo es la "Virgen" en la Septuaginta, lo que permite al evangelista Mateo (1:22-23) presentar la concepción virginal de Cristo como el cumplimiento de esta profecía.

Pero la continuación parece muy oscura en hebreo (Is. 7:15-16): "15 Comerá mantequilla y miel, hasta que sepa desechar lo malo y escoger lo bueno.16 Pero antes que el niño sepa desechar lo malo y escoger lo bueno, la tierra cuyos dos reyes tú temes será abandonada”.

Aquí va la traducción de la Septuaginta: "14 (Isaías se dirige aquí a toda la casa de David) Por tanto, el Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo y llamará su nombre Emanuel.15 Comerá mantequilla y miel; antes de que se conozca a sí mismo o que elija el mal, va a elegir bien.16 Porque antes que el niño sepa bien y el mal, se aparta del mal para escoger lo bueno. (En el siguiente versículo 16, Isaías se dirige de nuevo al rey Acaz): la tierra, por la cual tú tenías miedo, será ahorrada, lejos de los ojos de los dos reyes”.

En esta versión, y en la luz del comentario de san Juan Crisóstomo, la profecía tiene todo su sentido. Profetizando el nacimiento virginal del Señor (v. 14), Isaías indica el origen divino del niño por nacer, lo que él confirma por el nombre Emmanuel (Dios con nosotros). Al agregar que comerá mantequilla y miel (v. 15), habla de su naturaleza humana. Dado que el niño nacido no es sólo un hombre, ni sólo Dios, sino Dios encarnado, el profeta diversifica su discurso, hablando a veces de un aspecto, a veces de otro.  El final del v.15 y el comienzo del v.16, él indica que, contrariamente a todo hombre que viene a este mundo, Él se apartará del mal incluso antes de experimentarlo, es decir que, desde el principio, Él es libre de todo pecado.  Él asume la integralidad de la naturaleza humana, pero es sin pecado, como lo dijo Él mismo: "¿Quién de vosotros me redarguye (me prueba) de pecado?" (Jn 8:46).

 Así que, en resumen, los principales aspectos del misterio de la encarnación son anunciados: nacimiento de la Virgen; Cristo es Dios verdadero y hombre verdadero; es el único sin pecado, y es quien nos libera del pecado.


E-LA BIBLIA EN LA ORACIÓN COTIDIANA:LA ORACIÓN DE JESÚS.


Me gustaría concluir con una reflexión sobre una forma de oración que es la oración de Jesús, muy practicada en el mundo ortodoxo. Se trata de invocar el nombre de Jesús en forma reiterada según una expresión breve (de ahí el nombre de la oración monológica:  una sola palabra).  La fórmula habitual es: "Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten piedad de mí, pecador".

El principio de la invocación continua es bíblico. El Apóstol Pablo exhorta: "Orad sin cesar" (1 Tes 5:17). También, él afirma: “Todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo” (Rom 10:13). El Apóstol Pedro, en su discurso de Pentecostés (Hechos 2:17-21) cita al profeta Joel (2:28-32): "Yo derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y su hijo y sus hijas profetizarán... Así que todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo".

Y, de hecho, la invocación del Nombre del Señor se encuentra en toda la Biblia, desde los primeros hombres:

"A Set le nació también un hijo y le puso por nombre Enós. Por ese tiempo comenzaron los hombres a invocar el nombre del Señor" (Génesis 4:26).

"Y se levantó David, y fue con todo el pueblo que tenía consigo, de Baala de Judá, para hacer pasar de allí el arca de Dios, sobre la cual era invocado el nombre de Jehová de los ejércitos, que mora entre los querubines" (2 Samuel 6:2).

"Y en aquel día dirás: "Den gracias al Señor, invoquen Su nombre, Hagan conocer entre los pueblos Sus obras, Hagan recordar que Su nombre es exaltado" (Is 12:4).

"Y yo invoque el nombre del Señor: Señor, libera mi alma” (Salmo 114:4).

"¿Cómo pagaré al Señor por todo lo que me ha dado? Tomaré la copa de la salvación e invocaré el nombre del Señor” (Salmo 115:3-4).

Uno de los nombres favoritos de Dios es "Señor": "Que sepan que tu nombre es el Señor, Tú solo el Altísimo sobre toda la tierra.” (Salmo 82:19). Este es el equivalente del Tetragrámaton hebreo YHWH (YUD, Hei, Wav, je), que algunas Biblias modernas transcribieron como "Yaveh", que los judíos se prohíben de pronunciar y que la sustituyen por "Adonai".  La Septuaginta lo tradujo como "Kyrios", que es el equivalente de "Adonai", es decir, "el Señor".

A partir del Nuevo Testamento, el nombre de Dios es "Jesús".  Cuando los sacerdotes del Templo de Jerusalén piden al Apóstol Pedro en nombre de quien estaba sanando, éste les respondió: "En el nombre de Jesucristo...... Porque no hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres, en que podamos ser salvos" (Hch 4:10-12).

En efecto, el Tetragrámaton significa "Yo soy el que soy", o "Mi nombre es Yo soy". Esta es la respuesta de Dios a la pregunta de Moisés ante la zarza ardiente: "¿Cuál es tu nombre?" (Ex 3:13-14).  Y Jesús toma este nombre por su cuenta:  "Antes que Abraham fuese, yo soy" (Jn 8:58).  La identificación de Jesús con el Dios que se reveló a Moisés se encuentra en los íconos en la forma de las tres letras griegas en la aureola de la cruz de Cristo: "ὁ ὤν", es decir: "El que es".

Los Hechos de los Apóstoles hablan de "los que invocan el nombre de Jesús" para referirse a los cristianos (Hechos 9:14, 9:21; 19:13...). El Apóstol Pablo se dirige "a los que han sido santificados en Cristo Jesús, llamados a ser santos, con todos los que en cualquier parte invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo" (1 Cor. 1:2).

La formulación de la oración de Jesús es también bíblica. Es una contracción de la oración del ciego de Jericó: "Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí" (Lucas 18:35-43) y la oración del fariseo: "Dios, ten misericordia mí, pecador"(Lucas 18:17).

¿Cuál es el punto o el propósito de esta invocación continua? Es para ser habitado por Dios. La Biblia nos habla cuando habita en nosotros.

A MODO DE CONCLUSIÓN

Es cierto que el tema tratado necesita ser ampliamente tratado. Sin embargo, consideramos que el propósito puesto al inicio de navegar en el mar de la vida litúrgica en la Iglesia Ortodoxa y encontrar el fundamento bíblico de la misma ha sido suficientemente presentado, a título de iniciación a la misma.

De todo modo, es la vida litúrgica, vivida a diario, que va a revelar su fuente bíblica y la sabiduría, discernimiento e inspiración en la elaboración y la compilación de los oficios y las oraciones de ese culto, ya milenario, en el cual adoramos a Dios Triuno y a nuestro Señor y Salvador Jesucristo

 Bibliografía

-Rev. V. Michel Najim y el Rev. Patrick B. O'Grady, Los libros litúrgicos de la Iglesia Católica Apostólica Ortodoxa: Introducción y uso, Iglesia Ortodoxa Antioquena de Norteamérica, (en inglés, no editado).

 -Père André Jacquemot, La Bible dans la prière orthodoxe, en http://www.orthodoxeametz.fr/La%20Bible%20dans%20la%20priere%20orthodoxe.pdf

 



[1] Presentación realizada en el marco del Día de la Biblia, organizado por la CEICA con la participación de la Facultad de Teología de la UCA y del ISEDET, el viernes 14 de septiembre de 2012, en Capital Federal.

[2] Jean Chrysostome: Commentaire sur Isaïe. Sources Chrétiennes n° 304. Cerf 1983.

[3] Isaías 5:1-7: "Voy a cantar a mi muy querida el cántico de mi amigo para mi viña. Mi amado tenía una viña en una ladera fértil. La he cercado, he puesto una cerca. He plantado un viñedo de buena cepa. He construido una torre en el centro y una prensa. Yo esperaba que pudiera dar las uvas, pero dio espinas. Y ahora, un hombre de Judá y de Jerusalén, tú que vives será el juez entre mí y mi viña. (...) La viña del Señor de los ejércitos es la casa de Israel, y los hombres de Judá, la plántula amado. Lo esperé discernimiento y cometido iniquidad, en lugar de la justicia, que pide a gritos".



Entradas Destacadas

Oración de la noche

 Te rogamos, Señor. Que esta noche sea santa, buena y pacífica, Que tus santos ángeles nos conduzcan por los senderos de paz y de benevolenc...