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Oración de la Tarde

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Invocación inicial † Se hace la señal de la cruz mientras se dice: ℣.   Dios mío, ven en mi auxilio. ℟.   Señor, date prisa en socorrerme. ℣.   Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. ℟.   Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya. Himno Quédate con nosotros, la noche está cayendo. ¿Cómo te encontraremos al declinar el día, si tu camino no es nuestro camino? Detente con nosotros; la mesa está servida, caliente el pan y envejecido el vino. ¿Cómo sabremos que eres un hombre entre los hombres, si no compartes nuestra mesa humilde? Repártenos tu cuerpo, y el gozo irá alejando la oscuridad que pesa sobre el hombre. Vimos romper el día sobre tu hermoso rostro, y al sol abrirse paso por tu frente. Que el viento de la noche no apague el fuego vivo que nos dejó tu paso en la mañana. Arroja en nuestras manos, tendidas en tu busca, las ascuas encendidas del Espíritu; y limpia, en lo más hondo del corazón del hombre, tu image...

Oración de la Mañana

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  Elevemos nuestras súplicas al Salvador, que quiso nacer de María Virgen, y digámosle: Que tu santa Madre, Señor, interceda por nosotros. Sol de justicia, a quien María Virgen precedía cual aurora luciente, — haz que vivamos siempre iluminados por la claridad de tu presencia. Palabra eterna del Padre, tú que elegiste a María como arca de tu morada, — líbranos de toda ocasión de pecado. Salvador del mundo, que quisiste que tu Madre estuviera junto a tu cruz, — por su intercesión concédenos compartir con alegría tus padecimientos. Señor Jesús, que colgado en la cruz entregaste María a Juan como madre, — haz que nosotros vivamos también como hijos suyos. Se pueden añadir algunas intenciones libres. Según el mandato del Señor, digamos confiadamente:  Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdona...

Oración de la tarde. MAGNÍFICAT Lc 1, 46-55 ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR

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  MAGNÍFICAT Lc 1, 46-55 ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava.   Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación.   Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos.   Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de su misericordia —como lo había prometido a nuestros padres— en favor de Abraham y su descendencia por siempre.   Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Ant. Lo que os digo es la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque, si no me voy, no vendrá a vosotros el Defens...

Oración de la mañana

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  Oremos a Dios Padre todopoderoso, que ha sido glorificado en la muerte y resurrección de su Hijo, y digámosle confiados: Ilumina, Señor, nuestras mentes. Dios, Padre de los astros que has querido iluminar el mundo con la gloria de Cristo resucitado, — ilumina, desde el principio de este día, nuestras almas con la luz de la fe. Tú que por medio de tu Hijo resucitado de entre los muertos has abierto a los hombres las puertas de la salvación, — haz que a través de los trabajos de este día se acreciente nuestra esperanza. Tú que por medio de tu Hijo resucitado has derramado sobre el mundo el Espíritu Santo, — enciende nuestros corazones con el fuego de este mismo Espíritu. Tú que para librarnos estregaste a tu Hijo a la muerte, — haz que él sea hoy para nosotros salvación y redención. Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas...

Oración de la tarde

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 Llenos de gozo, oremos a Cristo, el Señor, que con su resurrección ha iluminado el mundo entero, y digámosle: Cristo, vida nuestra, escúchanos . Señor Jesús, que te hiciste compañero del camino de los discípulos que dudaban de ti, — acompaña también a tu Iglesia peregrina entre las dificultades e incertidumbres de esta vida. No permitas que tus fieles sean torpes y necios para creer, — aumenta su fe, para que te proclamen vencedor de la muerte. Mira, Señor, con bondad a cuantos no te reconocieron en su camino, — y manifiéstate a ellos, para que te confiesen como a su salvador. Tú que por la cruz reconciliaste a todos los hombres, uniéndolos en tu cuerpo, — concede la paz y la unidad a las naciones. Tú que eres el juez de vivos y muertos, — otorga a los difuntos que creyeron en ti la remisión de todas sus culpas. Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cad...

Oración de la Mañana

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  Oremos a Dios Padre todopoderoso, que ha sido glorificado en la muerte y resurrección de su Hijo, y digámosle confiados: Ilumina, Señor, nuestras mentes. Dios, Padre de los astros que has querido iluminar el mundo con la gloria de Cristo resucitado, — ilumina, desde el principio de este día, nuestras almas con la luz de la fe. Tú que por medio de tu Hijo resucitado de entre los muertos has abierto a los hombres las puertas de la salvación, — haz que a través de los trabajos de este día se acreciente nuestra esperanza. Tú que por medio de tu Hijo resucitado has derramado sobre el mundo el Espíritu Santo, — enciende nuestros corazones con el fuego de este mismo Espíritu. Tú que para librarnos estregaste a tu Hijo a la muerte, — haz que él sea hoy para nosotros salvación y redención. Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas...

Oración de la Noche

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  Humildemente te pedimos, Señor, que después de haber celebrado en este día los misterios de la resurrección de tu Hijo, sin temor alguno, descansemos en tu paz, y mañana nos levantemos alegres para cantar nuevamente tus alabanzas. Por Jesucristo nuestro Señor. CONCLUSIÓN Bendición V. El Señor todopoderoso nos conceda una noche tranquila y una santa muerte. R. Amén. INVOCACIÓN A LA SANTÍSIMA VIRGEN Reina del cielo, alégrate, aleluya,  porque el Señor, a quien has merecido llevar, aleluya, ha resucitado, según su palabra, aleluya. Ruega al Señor por nosotros, aleluya. Gózate y alégrate, Virgen María; aleluya.  Porque verdaderamente ha resucitado el Señor; aleluya.  

Oración de la tarde

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  Oremos a Cristo, que resucitado de entre los muertos, destruyó la muerte y nos dio nueva vida, y digámosle:   Tú que vives eternamente, escúchanos, Señor.   Tú que eres la piedra desechada por los arquitectos, pero convertida en piedra angular,  — conviértenos a nosotros en piedras vivas de tu Iglesia.   Tú que eres el testigo fiel y veraz, el primogénito de entre los muertos,  — haz que tu Iglesia dé siempre testimonio de ti ante el mundo.   Tú que eres el único esposo de la Iglesia nacida de tu costado,  — haz que todos nosotros seamos testigos de este misterio nupcial.   Tú que eres el primero y el último, que estabas muerto y ahora vives por los siglos de los siglos,  — concede a todos los bautizados perseverar fieles hasta la muerte, a fin de recibir la corona de la victoria.   Tú que eres la lámpara que ilumina la ciudad santa de Dios,  — alumbra con tu claridad a nuestros hermanos difuntos. Padre nuestro, que estás en ...

Oración de la Mañana

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 Oremos a Cristo, pan de vida, que en el último día resucitará a los que se alimentan con su palabra y con su cuerpo, y digámosle: Señor, danos paz y alegría. Hijo de Dios, que, resucitado de entre los muertos, eres el Príncipe de la vida, — bendice y santifica a tus fieles y a todos los hombres. Tú que concedes paz y alegría a todos los que creen en ti, — danos el vivir como hijos de la luz mientras nos alegramos de tu victoria. Aumenta la fe de tu Iglesia, peregrina en la tierra, — para que dé al mundo testimonio de tu resurrección. Tú que, habiendo padecido mucho, has entrado ya en la gloria del Padre, — convierte en gozo la tristeza de los afligidos. Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.  ORACIÓN ...

Oración para la noche

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  Señor Jesucristo, que eres manso y humilde de corazón y ofreces a los que vienen a ti un yugo llevadero y una carga ligera; dígnate, pues, aceptar los deseos y las acciones del día que hemos terminado: que podamos descansar durante la noche para que así, renovado nuestro cuerpo y nuestro espíritu, perseveremos constantes en tu servicio. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Oración de la mañana

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Dirijamos nuestra oración a Dios Padre, que por la resurrección de Jesucristo nos ha dado vida nueva, y digámosle: Ilumínanos, Señor, con la claridad de Jesucristo. Señor, tú que nos has revelado tu plan de salvación proyectado desde antes de la creación del mundo y eres fiel en todas tus promesas, — escucha con amor nuestras plegarias. Pacifícanos con tu verdad y encamina nuestros pasos por las sendas de la santidad, — para que obremos siempre el bien según tu agrado. Ilumina tu rostro sobre nosotros, — para que, libres de todo mal, nos saciemos con los bienes de tu casa. Tú que por Cristo nos reconciliaste contigo, — danos la paz a nosotros y a todos los hombres del mundo. Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad  en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del ma...

Oración para la noche. Salmo 30, 2-6 SÚPLICA CONFIADA Y ACCIÓN DE GRACIAS

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Salmo 30, 2-6 SÚPLICA CONFIADA Y ACCIÓN DE GRACIAS Padre en tus manos encomiendo mi espíritu  (Lc 23, 46). A ti, Señor, me acojo: no quede yo nunca defraudado; tú, que eres justo, ponme a salvo, inclina tu oído hacia mí;   ven aprisa a librarme, sé la roca de mi refugio, un baluarte donde me salve, tú que eres mi roca y mi baluarte;   por tu nombre dirígeme y guíame: sácame de la red que me han tendido, porque tú eres mi amparo.   A tus manos encomiendo mi espíritu: Tú, el Dios leal, me librarás. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.  Como era en el principio, ahora y siempre,  por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 24 ORACIÓN POR TODA CLASE DE NECESIDADES

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  Salmo 24 ORACIÓN POR TODA CLASE DE NECESIDADES La esperanza no defrauda (Rom 5, 5). A ti, Señor, levanto mi alma;  Dios mío, en ti confío  no quede yo defraudado,  que no triunfen de mí mis enemigos,  pues los que esperan en ti no quedan defraudados,  mientras que el fracaso malogra a los traidores. Señor, enséñame tus caminos,  instrúyeme en tus sendas:  haz que camine con lealtad;  enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador,  y todo el día te estoy esperando. Recuerda, Señor, que tu ternura  y tu misericordia son eternas;  no te acuerdes de los pecados  ni de las maldades de mi juventud;  acuérdate de mí con misericordia,  por tu bondad, Señor.   El Señor es bueno y es recto,  y enseña el camino a los pecadores;  hace caminar a los humildes con rectitud,  enseña su camino a los humildes. Las sendas del Señor son misericordia y lealtad  para los que guardan su alianza y sus mandatos. ...

Oración para la noche

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  Dios Todopoderoso,  que por medio de tu Hijo unigénito Jesucristo  haz vencido a la muerte y nos haz abierto la puerta de la vida eterna: concédenos que, así como por tu gracia que va delante de nosotros pones en nuestras mentes buenos deseos así también por tu ayuda continua podamos llevarlos a buen término; por Jesucristo nuestro Señor resucitado, que vive y reina contigo, en la unidad del Espíritu Santo, un solo Dios, ahora y por siempre.  Amén.