Oh Señor Todopoderoso, Dios de los ejércitos y de toda carne, que moras en lo más alto, que cuidas de los humildes, que escudriñas las entrañas y el corazón, y que disciernes claramente las cosas ocultas de los hombres, oh Luz inoriginable y eterna, en quien no hay variación ni sombra debida al cambio, Tú, oh Rey inmortal, acepta nuestras oraciones que te ofrecemos en este momento desde nuestros labios, confiando en la multitud de tus bondades, perdónanos nuestras transgresiones. que hemos cometido consciente o inconscientemente, ya sea de palabra, obra o pensamiento; límpianos de toda mancha de cuerpo y alma. Concédenos pasar toda la noche de esta vida presente con corazón vigilante y pensamiento sobrio, esperando la venida del radiante y manifiesto Día de tu Hijo unigénito, nuestro Señor, Dios y Salvador Jesucristo, en el cual vendrá el juicio de todos los hombres con gloria, cuando a cada hombre se le dará la recompensa de sus obras. Que no caigamos en la pereza, s...