domingo, 17 de junio de 2018

Oración Episcopal por un Gobierno Justo

Oh Señor Soberano nuestro, bendice a los líderes de este
país, a fin de que tengamos paz entre nosotros y seamos una bendición para las demás naciones de la tierra.

Oh Señor, guarda esta nación en tu cuidado.

Otorga sabiduría y gracia a todas las autoridades administrativas en el ejercicio de sus funciones y especialmente a los registradores, jurados de votación y testigos electorales

Otorga valor, sabiduría y visión al nuevo presidente y a
todos los que elaboran nuestras leyes, a fin de que provean a las necesidades del pueblo y hagan cumplir nuestras obligaciones ante la comunidad de naciones.


Otorga integridad y comprensión a los jueces 
y funcionarios de los tribunales para que los derechos
humanos sean protegidos y la justicia cumplida.

Finalmente, enseña a nuestro pueblo a confiar en tu
poder y aceptar sus responsabilidades hacia los demás
ciudadanos, para que elijan líderes fidedignos, y tomen
decisiones prudentes en beneficio de nuestra sociedad; 
a fin de que te sirvamos fielmente en nuestra generación y
honremos tu santo Nombre.
Porque, tuyo, oh Señor, es el reino, y tú eres excelso
como cabeza sobre todos. Amén
 Fuente: Libro de Oración Común
Oraciones y acciones de Gracias
paginas 711-712

martes, 29 de mayo de 2018

¿Cómo el espíritu de Elías reposo sobre el profeta Eliseo?



Imagen recuperada en
https://odiscipulogauderio.com/
2 Re 2, 1-18

1 Esto es lo que ocurrió cuando el Señor se llevó a Elías al Cielo en medio del torbellino Cuando atravesaron (el Jordán), Elías dijo a Eliseo: «Pregunto ¿qué puedo hacer por ti antes de que me alejen de ti?» Y Eliseo respondió: «Que me corresponda una doble parte de tu espíritu» 10 Elías respondió «Pides una cosa difícil, Si me ves cuando me alejen de ti, así ocurrirá, SI no, no lo tendrás» 11 Pues bien, mientras iban conversando, he aquí que entre ellos dos se interpuso un carro de fuego con unos caballos de fuego y Elías subió al Cielo en medio del torbellino 12 Eliseo lo vela y gritaba «¡Padre mío' ¡Padre mío' ¡Carro y auriga de Israel’» Luego dejó de verlo 13 Recogió el manto de Elías, que se había caído, y se volvió Junto a la orilla del Jordán! Los hermanos profetas lo vieron a lo lejos y dijeron «¡El espíritu de Elías se ha posado sobre Eliseo», salieron a su encuentro y se postraron en tierra ante él! Le dijeron «Hay aquí entre tus servidores 50 valientes Permite que vayan a buscar a tu maestro, quizás se lo ha llevado el espíritu del Señor y lo ha arrojado por alguna montaña o a un valle» Pero el contexto «No mandes a nadie»



Contexto

Con este capítulo concluye el Ciclo de Elías (1 Re 17-19,21,2 Re 1-2), pero sobre todo queda introducido el de Eliseo (2 Re 2-9 y 13) que Elías había llamado a su servicio (1 Re19, 19-21). Constituye Incluso un trozo escogido, ya que todo lo demás del Ciclo de Eliseo (2 Re 2, 19s) vendrá a confirmar que el discípulo es un buen sucesor del maestro misteriosamente desaparecido, tal como intenta precisamente decirnos este texto.

Los dos Ciclos, cuya primera redacción se remonta a épocas cercanas entre sí (siglos IX-VIII a C). Muy parecidos también en su estilo y su mensaje, tienen sin embargo cada uno su sello característico.  Elías aparece solitario, defensor ardiente de los derechos de Dios frente a la idolatría, mientras que Eliseo vive en Samaria, con acceso ante el rey (2 Re 4, 13). Y en estrecha relación con los hijos de los profetas. ¿No será quizás uno de ellos? Los relatos del ciclo de Elías se vinculan entre sí por una línea continua y progresiva, mientras que los que se refieren a Eliseo son la yuxtaposición de anécdotas separadas con estilo más imaginario, en el que predomina lo maravilloso.

De este modo, 2 Re 2, 1-18 se presenta como el eje de los dos ciclos. El autor, como un visionario y un poeta, describe aquí en el estilo de la leyenda la desaparición de Elías, el terrible profeta del Señor, y su sustitución por Eliseo que, investido del espíritu de su maestro, se convertirá a su vez, en medio de su pueblo tentado por la idolatría, en un profeta poderoso en obras y en palabras, en el profeta del cariño y de la vida de Dios.

Estructura y breve comentario

2 Re 2, 1-18 es un texto bien construido. Después de una introducción narrativa (1 a), se suceden tres pequeñas escenas (1 b-6), con un cambio de lugar en cada una, con la misma negativa de Elías a que lo acompañe Eliseo, y con la misma respuesta de Eliseo que no quiere dejarlo solo (1 b-2; 3-4; 5-6). En las dos últimas escenas intervienen con los mismos términos los hermanos profetas, preocupados por lo que va a pasar. Eliseo, impaciente, les da la misma respuesta: «¡callaos!». Las repeticiones de esta secuencia «viaje» elevan la tensión del relato y producen una impresión creciente de misterio y de inquietud ante el presentimiento de la intervención divina. Todo el mundo sabe lo que le va a pasar a Elías, pero se habla de ello con palabras encubiertas.

La escena principal, en los v. 7-14, se desarrolla junto al Jordán. Está formada por un diálogo entre Elías y Eliseo (9-10), por el rapto de Elías (11) y por la reacción de Eliseo (12), esmaltado todo ello por toda una serie de inclusiones entre los v. 7-8 y 13-14: detenerse junto al Jordán, quitarse el manto, golpear el agua, separar las aguas, atravesarlas. Es éste el corazón del relato. Eliseo, único testigo del prodigio, recibe como paga de su petición la herencia espiritual de su maestro. Su primer milagro (14) demuestra que ha recibido ciertamente el espíritu de Elías.

Los v. 15-18 comentan lo anterior: los profetas de Jericó reconocen que Eliseo ha recibido sin duda el espíritu de Elías y que este último ha desaparecido definitivamente (17). Los dos relatos de los v. 19-25 se encuentran bajo el movimiento de este relato de investidura. De estilo muy legendario, atestiguan el poder de Eliseo, hombre de Dios poderoso en palabras y en obras, fuente de bendición o de maldición según la actitud que se tome ante él.

El manto representa un papel importante en este «rito de sucesión». Mencionado ya en 1 Re 19,19 para significar que Elías llama a Eliseo a su servicio, el autor habla aquí de él en tres ocasiones (v. 8.13 y 14). Considerado como signo de la presencia de Dios y portador de los poderes sobrenaturales del profeta (abre por dos veces las aguas del Jordán), es también el símbolo de su personalidad y de su vocación. Al vestirse con él, Eliseo se presenta en adelante a los ojos de todos como el sucesor de Elías, profeta como él y dotado de los mismos poderes.

El rapto de Elías se describe con ayuda de las imágenes de «carro de fuego» y de «tempestad», símbolos de la fuerza divina que se lleva al profeta. Es el acompañamiento clásico de las manifestaciones divinas (Ex 20,18; Ez 1,4; etc.). Elías ya no forma parte de este mundo, como se subraya en la búsqueda infructuosa de los profetas de Jericó. ¿Pasó por la muerte? El texto no lo dice. Sugiere más bien que no. Por eso la tradición dedujo que seguía aún vivo, aunque invisible, y que algún día habría de volver como precursor del mesías (Mal 3, 23-24; Eclo 48,10), como los otros dos personajes que tuvieron el mismo final misterioso: Moisés y Henoc.

el Espíritu de Elías y el Espíritu del Señor

¿Qué es lo que dice este texto sobre el espíritu? La palabra ruah aparece tres veces, una vez en relación con el Señor (16) y dos en relación con el hombre (9 y 15). En el conjunto de los ciclos Elías-Eliseo, se observa la misma utilización de esta palabra, pero añadiéndole el significado de viento (1 Re 18,45; 19,11; 2 Re 3, 17), no como simple elemento natural, sino como realidad dinámica ligada a la presencia o a la acción de Dios en la historia de los hombres (signo que anticipa la lluvia fecunda en 1 Re 18,45; 2 Re 3, 17).

En 2 Re 2, 9, Eliseo le pide a Elías una doble parte de su espíritu. literalmente «un bocado de dos» en su espíritu. Se trata de una formulación extraña. Probablemente remite a Dt 21, 17 donde, según el derecho familiar tradicional, el hijo mayor goza de una parte doble de la herencia. Así. pues, Eliseo pide ser reconocido como el heredero de Elías, como su hijo mayor espiritual; por otra parte, en el v. 12 lo llamará por dos veces «padre mío». Al estilo de Nm 11,25 (cf. p. 7), el espíritu se considera aquí como una fuerza divisible y transmisible. Se trata de la vitalidad de Elías, que desaparece y se transmite a otro cuando acaba su vida. Esta vitalidad está formada a la vez de «respiración» y de «inspiración». En efecto. el texto parece unir las dos cosas: una vez que Elías ha acabado con su misión aquí abajo, todo lo que le animaba como soplo y como inspiración lo deja para que vaya a animar a Eliseo. Se reconoce aquí el espíritu profético. el que inspira a los profetas (Is 42,1; 61,1; Ez 2, 2; Os 9, 7; etc.), el que los convierte en otros hombres (1 Sm 10,6), produciendo a veces efectos tan violentos como inesperados (1 Re 18, 12; 2 Re 2, 16; Ez 3,12; etc.).

Este espíritu que deja Elías para animar a Eliseo ¿es independiente de Dios? Aparentemente, Dios no participa en su transferencia, pero el v. 10 subraya la impotencia
de Elías en responder a la petición de Eliseo. Él no puede hacer más que señalar el signo por el que Dios le hará saber si ha sido escuchada su plegaria: Eliseo podrá ver (10 y 12) algo que quedará oculto a los ojos de los demás profetas: el rapto de Elías. El será entonces «vidente» (ro 'eh) y por tanto cualificado como profeta. El espíritu, aunque vinculado al hombre, se pone aquí en relación con el Señor. Elías no es dueño suyo, no puede disponer de él a su gusto; no le pertenece. Es una fuerza extraordinaria que impregna al hombre, pero que lo supera. Y la fuerza de acción que a continuación desplegará Eliseo (2 Re 5, 26...) demuestra que el espíritu que ha recibido tenía ciertamente algo de divino. De hecho, escribe D. Lys, «es la ruah de Yavé la que, según 1 Re 18, 12, lo mismo que su mano en el v. 46, la que toma al profeta... Pero 2 Re 2,9.15 habla del espíritu profético de Elías sin mencionar a la causa divina» (Ruah,le souffle dans rAT. PUF, París 1962, 35-36). Elías, como Eliseo, no tiene en sí más vitalidad que la que Dios le da, su soplo y su inspiración. Aquí se pone en relación con el hombre bajo la forma de soplo, mientras que en 1 Re 22, 21-25 se pone en relación con Dios bajo la forma de inspiración. En 2 Re 2, 16 se menciona explícitamente al espíritu del Señor; los profetas de Jericó confiesan que es él ciertamente el que ha hecho desaparecer a Elías (la misma manifestación de fuerza divina que en 1 Re 18,12; 18.46; etc.…).

conclusión

En estos textos, el espíritu se presenta como un elemento relacional, como una realidad dinámica. En Dios, es su fuerza de acción respecto al hombre. En la naturaleza (viento), es un elemento del que Dios se sirve en provecho del hombre. En el hombre, es su vitalidad, es decir su soplo, y lo que inspira su comportamiento. No le pertenece al hombre; sigue siendo precario y se le puede quitar al ser humano; lo ha recibido de Dios y no puede existir sin él. Crea un ambiente de vida, un espacio vital en el que el hombre, bajo su movimiento, puede obrar y dar testimonio de aquel que lo envía.

Fuente: 
Gérard BLOCHAT. El Espíritu Santo en la Biblia. 
Páginas 8-10


viernes, 25 de mayo de 2018

¿Cuál es el significado del Espíritu Santo enviado por Moisés a los 70 ancianos incluyendo a Eldad y Meldad?

imagen recuperada en
www.lds.org

UN PUEBLO DE PROFETAS

Num 11, 16·17.24·30

24 Salió Moisés para decir al pueblo las palabras del Señor. Luego reunió a los 70 ancianos del pueblo alrededor de la tienda. 25 El Señor bajó en la nube. Habló y tomó del espíritu que descansaba sobre él para ponerlo sobre los 70 ancianos. Cuando el espíritu descansó sobre ellos, profetizaron, pero no volvieron a hacerlo más. 26 Se habían quedado dos hombres en el campamento; uno se llamaba Eldad y el otro Medad. El espíritu descansó sobre ellos; aunque no habían venido a la tienda, estaban entre los inscritos. Se pusieron a profetizar en el campamento. 27 Corrió un joven a anunciárselo a Moisés y le dijo: «Eldad y Medad están profetizando en el campamento». 28 Josué, hijo de Nun, que servía a Moisés desde su juventud, tomó la palabra y dijo: «Moisés, señor, ¡impídeselo!». 29 Moisés le respondió: « ¿Acaso sientes celos por mí? ¡Ojalá todo el pueblo del Señor fuera profeta y le diera el Señor su espíritu!». 30 Luego Moisés volvió al campamento y con él los ancianos de Israel.

CONTEXTO

La marcha de los israelitas por el desierto fue toda una larga serie de crisis. Los c. 11 al 17 del libro de los Números nos refieren por lo menos siete episodios de rebeldía. En el c. 11 se mezclan varios temas: el de la «avidez» del pueblo que exige carne para comer, en lugar del maná cotidiano. Esto provoca el desaliento de Moisés, único responsable de dirigir al pueblo e incapaz de alimentarlo. El Señor le respondió primero que escogiera 70 colaboradores y luego le anunció que tendrían carne hasta hartarse. El pueblo pudo saciarse de codornices, hasta quedar harto. Se oponen entre sí estos dones: el espíritu que se les da a los 70 ancianos será para la vida del pueblo; el don de la carne, por el contrario, lo llevará a la muerte. Los exégetas suelen atribuir a la tradición elohista los textos relativos al don del espíritu, gracias a varios elementos característicos de esta tradición (la tienda fuera del campamento, la nube, Josué...; cf. Ex 33, 7-11, igualmente elohista).

LOS 70 ANCIANOS

Las directrices que da Dios (16-17) son ejecutadas fielmente por Moisés (24-25). Pero de esta operación se sigue un resultado inesperado, como suele ocurrir cuando el espíritu está en juego: los ancianos se ponen a profetizar. En este contexto, se trata ciertamente de una actividad extática análoga a la de los «hijos de los profetas »: trance, palabras misteriosas o incomprensibles. Podemos pensar en lo que le ocurrió a Saúl cuando se encontró con algunos grupos de estos profetas (1 Sm 10,5-12; 19,23-24). Pero este carisma extraordinario no es duradero, ya que los ancianos no son profetas.

Es sólo un signo dado por Dios para ratificar la elección de los 70 hombres por Moisés y para autentificar su autoridad sobre el pueblo. Al mismo tiempo, es una demostración de ese poder del espíritu de Moisés, del que una parte solamente basta para poner en trance a 70 personas. Moisés, en esta ocasión, no profetiza, sino que es tan sólo aquel con el que Dios habla (17 y 25). Hay otros textos que muestran a estos ancianos al lado de Moisés: Ex 17, 5; 18,12; Num 16,25 y sobre todo Ex 24, 1-2.9-11, cuando la conclusión de la alianza. Se trata probablemente de los mismos responsables que los jueces o dirigentes nombrados por consejo de Jetró en Ex 18, según otra tradición.

ELDAD Y MEDAD

La historia continúa luego con el relato de esos dos hombres que también se pusieron a profetizar, a pesar de haberse quedado en el campamento. La fuerza del espíritu es tan grande que puede actuar a distancia, más allá del ritual previsto: «Estaban entre los inscritos », señala el narrador; ¿es que los 70 del v. 24 eran sólo 68? ¿O bien este episodio se añadió al precedente para elevar el número de ancianos a 70? En todo caso, el espíritu se les dio a todos los elegidos por Moisés. Esto provoca la reacción de Josué y la decisión final de Moisés, con que concluye el conjunto. En vez de recelar de la extensión de este privilegio profético, difícil de controlar, Moisés anhela su difusión sobre todo el pueblo: «iOjalá a todo el pueblo diera el Señor su espíritu! ». Aquí el texto tiene una novedad: es el Señor el que da su espíritu en vez de repartir entre los demás el de Moisés. Esto trastorna las ideas tradicionales sobre las instituciones de Israel, según las cuales el Espíritu del Señor se les reserva a los jefes: primero a los jueces, y luego a los reyes. ¿No se tratará de una teología distinta, más reciente? Porque esta perspectiva del don del espíritu del Señor a todo el pueblo no aparecerá hasta Ezequiel y sobre todo con Joel. Pero el texto desborda la perspectiva de solos los responsables y piensa más bien en el carisma profético para todos, en el sentido con que Isaías anunciará la difusión del  «conocimiento del Señor» (ls 11, 9) y Jeremías la alianza nueva (Jr 31,34): «Todos me conocerán, desde el más pequeño hasta el más grande».

MOISES PROFETA

El capítulo siguiente (Num 12) v1Jelve sobre el mismo tema con ocasión de las críticas de María y de Aarón contra Moisés, que queda situado con toda claridad más allá de los profetas habituales, que reciben sueños y visiones: «Respecto a mi siervo Moisés, un hombre de confianza para toda mi casa, yo le hablo de viva voz (de boca a boca) y no en un lenguaje oculto; él ve la forma del Señor» (12,7-8).

El único texto que puede compararse con Num 11 es la transmisión del espíritu de Elías a Eliseo (2 Re 2,115); también sobre Eliseo «se posa el espíritu» de su maestro, heredando de este modo su autoridad sobre los demás profetas. Moisés y Elías son las dos grandes figuras de las tradiciones del norte, los dos hombres de Dios por los que se le ofrece a Israel la salvación. Moisés, según Dt 18, 18, anuncia la venida de un profeta semejante a él, que tendrá en sus labios las palabras mismas de Dios.

LA TRADICION

La tradición judía leyó en Num 11 la institución de los ancianos del pueblo: la futura gran asamblea (sinagoga) de Esdras y más tarde el sanedrín, con sus 70 miembros en torno al sumo sacerdote. ¿Cómo manifestar mejor la continuidad viva de la tradición oral, desde Moisés hasta la Misná? En cuanto a la tradición cristiana, desde la Traditio Apostolica de Hipólito (siglo 111) se cita este texto para basar la existencia de un colegio de presbíteros o ancianos alrededor del obispo: «Tú añadiste a Moisés unos ancianos y les llenaste de tu Espíritu, que habías concedido a tu siervo». Notemos, por otra parte, que la Vulgata, siguiendo un targum, traduce así el v. 25: «Se pusieron a profetizar y no cesaron». Se afirma entonces la permanencia del don del Espíritu, anticipando así la fiesta de pentecostés.

Fuente: El Espíritu Santo en la Biblia.  
Philippe Gruson.
Páginas 5-7


sábado, 19 de mayo de 2018

¿Cuál es el don del Espíritu Santo que Jesús da a sus discípulos cuando aparece en medio de ellos? (Lc 24,36-49)

recuerada en http://www.diocesisdetexcoco.org/

19 Cuando llegó la noche de aquel mismo día, el primero de la semana, estando bien cerradas las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, por miedo a los judíos, llegó Jesús, se puso delante y les dice: «Paz a vosotros.» 20 Y, dicho esto, les mostró también las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. 21 Entonces les dijo [Jesús] por segunda vez:Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.» 22 Y, dicho esto, sopló y les dice: «Recibid (el) Espíritu Santo. 23 A quienes perdonéis los pecados, les quedarán perdonados; a quienes se los retengáis, les quedarán retenidos.»

La tarde del domingo de pascua los discípulos (a excepción de Tomás, v. 24) se encuentran reunidos en un lugar de Jerusalén; permanecen a puerta cerrada por temor a los judíos, es decir, a los espías de los judíos. Se les presenta el resucitado 10, manifestándose inesperadamente en medio de ellos y saludándolos con la fórmula acostumbrada: «Paz a vosotros», con la cual les comunica su paz". Su manifestación con las puertas cerradas demuestra que posee ya existencia gloriosa, no sujeta a las leyes del espacio. 

Pero este modo de hacerse presente podía dar lugar a pensar que se tratara de un espíritu o de un fantasma12, y por eso, para disipar todo error, muestra a los discípulos las heridas de las manos y del costado, que son la mejor prueba de la realidad de la resurrección y de la identidad de la figura que ven con la persona del crucificado (cf. Lc 24,39).

Al ver al Señor, de cuya resurrección han sido informados ya por Magdalena, los discípulos se sienten embargados de profunda alegría, y experimentan el cumplimiento de la promesa que Jesús les había hecho en el momento de partir, a saber, que su angustia se convertiría en gozo13.  Repetido el augurio de paz, el resucitado imparte a los discípulos su misión, sirviéndose de las mismas palabras que usó en la oración de despedida14, si bien allí considera la misión como ya impartida, por haberse verificado ya en su espíritu. Como él es el enviado de Dios, así ellos deben ser sus enviados (cf. 3,20). Con esta misión reciben el encargo de proseguir la obra confiada a él por el Padre, cual es el anuncio de la revelación divina a los hombres (18,37) y la comunicación de la salud. En seguida 22 el resucitado otorga a los discípulos el don del Espíritu Santo, prometido anteriormente en los discursos de despedida. El gesto simbólico de soplar hacia ellos tiene sus precedentes en Gen 2,7; Sab 15,11, donde se dice que Dios inspiró en el primer hombre el hálito de la vida (cf. también Ez 37,9ss). Sólo que, mientras en los pasajes citados del Antiguo Testamento se trata de la comunicación de la vida natural, o del alma, aquí, en cambio, se trata del don del Espíritu divino entendido como medio para poder cumplir la misión a que los discípulos están destinados.

Ahora los discípulos reciben el poder de perdonar los pecados. 23 Lo que en Mt 16,19 fue prometido a Pedro, y en Mt 18,18 a todos los apóstoles, se les concede ahora: el poder de perdonar y de retener los pecados. La metáfora de «atar» y «desatar», que se lee en Mt 16,19; 18,18, significa prácticamente lo mismo que perdonar y retener los pecados. Jesús confiere, pues, a los discípulos la potestad de perdonar los pecados, potestad que él mismo ejercitó durante su vida terrena conforme a su condición de Hijo del hombre15. Si distingue expresamente entre el remitir y el retener los pecados, lo hace para expresar que los discípulos no pueden usar arbitrariamente de la potestad recibida, sino que deben obrar de acuerdo con el mérito de los hombres.

La Iglesia tiene razón de ver en estas palabras de Jesús la institución del sacramento de la penitencia. Es verdad que los más antiguos padres de la Iglesia las relacionan con el bautismo y la consiguiente aceptación en el seno de la Iglesia, que tiene por consecuencia la remisión de los pecados, o bien con el rechazo de la misma. Por ejemplo, san Cipriano  dice que por Jn 20,22-23 «vemos cómo sólo los jefes de la Iglesia están autorizados para bautizar y para comunicar la remisión de los pecados, mientras que fuera de ella, donde nadie está autorizado para atar o desatar, nada puede ser atado o desatado» 1B. Pero el v. 23, juntamente con Mt 16,19; 18,18, se aplicaba también a la disciplina penitencial, aunque ciertamente de manera impropia, porque en la penitencia pública no se daba verdadera absolución, sino sólo la manifestación de un juicio acerca de la penitencia cumplida17.

Se ha afirmado que los v. 22-23 están en contradicción con Act 2 (la venida del Espíritu Santo en pentecostés), ya que, según ellos, para Juan es lo mismo pascua que pentecostés. Pero la afirmación no es exacta; en efecto, como lo reconocen ya muchos padres, el don del Espíritu Santo el día de pascua comunica a los apóstoles la idoneidad para cumplir su misión, y les confiere, en particular, el poder de perdonar los pecados, mientras que en pentecostés se les otorgan dones especiales de orden extraordinario (carismas, poder de hacer milagros, etc.), destinados a hacer más eficaz su actividad misionera18. Por otra parte, los dones de pentecostés no los recibieron sólo los apóstoles, pues con ellos los recibieron también todos los discípulos presentes (Act 2,1.38).
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10. Jn 14,18; 16,16ss.
11. Jn 14,27; 16,33.
12. Lc 24,37: «Creían estar viendo un espíritu»; Me 6,49 par.
13. Jn 16,20-22; 17,13.
14. Jn 17,18; cf. también 4,38.
15. Mc 2,5 par; Le 7,47-48.
16. CIPRIANO, Cartas 69,11; 73,7.
17 Cf. FIRMILIANO, Carta a san Cipriano 75,4.
18. Cf, p.ej., JERÓNIMO, Carta 120,9

Fuente: Alfred Wikenhauser
El Evangelio Según San Juan. 
Páginas 509 a 512

domingo, 29 de abril de 2018

Y Dijo Dios: ¡Que se cree la Música!

Imagen recuperada en
ministerioiunternacionalemanuel.blogspot.com.co
Hoy compartimos en esta nueva entrada  la expresión de nuestros jóvenes estudiantes para que sean ellos también creadores e intérpretes de las realidades que viven en  perciben de una manera diferente en su propia existencia y en la de los demás jóvenes como ellos.

Y DIJO DIOS: 
¡QUE SE CREE LA MÚSICA! 

Por María José Carabalí Carabalí
Edad: 16 años
Estudiante de grado 9º.
Institución Educativa Eustaquio Palacios


26. Y dijo Dios después de descansar el séptimo día hagamos a los jóvenes a nuestra imagen y semejanza; que sean buenos, que les guste y hagan buena música, música que muevan mentes y corazones, con sensibilidad a la buena música. 27. Y creó Dios a los jóvenes a su imagen: a imagen de Dios los creó; joven varón y joven mujer, para que se quieran, respeten, y hagan buena música juntos y se complementaran en su vida 31. Y vió Dios todo lo que había hecho: era muy bueno. Pasó una tarde, pasó una mañana: este fue el octavo día 

3-1-14

1. Pasado el tiempo.... Bad Bunny y Ozuna ganaban dinero por música basura, eran los seres más astutos del planeta de los que Dios había creado, estos entablaron conversación con la joven mujer: - ¿con que Dios, sus padres y maestros les han dicho que no hagan música con la cual se divulgue las relaciones carnales, que no canten para el enemigo y que canten para él?
2. la joven mujer les contesta a Bad Bunny y Ozuna: 3. - ¡No! podemos hacer cualquier tipo de música, excepto la que propague las drogas, el alcohol y las relaciones sexuales con cualquiera y cantarle al demonio pues eso daña espiritualmente, y castigarnos bajo pena de muerte.
4.  Bad Bunny y Ozuna replicaron: - ¡No! nada de pena de muerte! 5. Lo que pasa es que Dios sabe que el día que hagan esas canciones se volverán famosos y serán millonarios, podrán saber la diferencia entre la música mala y buena
6. Entonces la mujer joven cayó en cuenta que la música esa, estaba genial y se podía ser famoso y ganar dinero y sintió felicidad hizo más fans y eso le gustó, entonces fue por el joven varón hicieron otra canción y ganaron muchos más fans y dinero. 7. se les abrieron los ojos y vieron que el mundo está lleno de perversidad y maldad en un mundo donde las niñas cantaban y bailaban sobre drogas, alcohol y entregarse carnalmente un mundo lejos de Dios, de sus seres amados y maestros. Descubrieron que estaban desnudos mental y espiritualmente, se cubrieron creando nueva música para que no los reconocieran y escondieron su propia vergüenza y se sintieron vacíos consigo mismo
8. Oyeron a Dios cantar sus nombres a través del jardín, el varón joven y la joven mujer se escondieron de Dios y de sí mismos en su propia mente para olvidarse de su propia existencia.  9.pero el señor Dios llamo al joven varón:
- ¿Dónde estás? - ¿Por qué no cantas más?
10.Te oí y me escondí en mi propia mente: tuve mucho miedo de que vieras mi propio ser y que descubrieras la desnudez en mi mente y en mi espíritu.
11. El Señor Dios le replico: - ¿Y quién te ha dicho que estabas desnudo? ¿has hecho una canción que hable sobre las drogas, el alcohol y los deseos carnales?
12.el joven varón respondió: - La joven mujer que me diste por compañera me insistió a hacerlo: no fui fuerte para decir que no, y sucumbí hacia el dinero y la fama
13. El señor Dios le dijo a la joven mujer: - ¿qué has hecho? Ella respondió - Bad Bunny y Ozuna ellos me hicieron creer que eran mis amigos, me engañaron, no recordé tus enseñanzas las tuyas, las de mis padres y maestros y lo hice.  
14. El señor dijo a Bad Bunny y Ozuna: - por haber hecho eso maldito será tu genero entre todos los otros: por corromper a la juventud llevarlos al alcohol, drogas y las relaciones carnales, por hacer creer los que son algo bueno, se arrastran sobre su sucio dinero y la muerte les llegaran conforme a lo que han vivido serán infelices por el resto de su vida.