DOMINGO NOVENO DE LUCAS: Santo Evangelio según San Lucas (12: 16-21)
DOMINGO NOVENO DE LUCAS
Estamos en el ayuno de navidad, hoy domingo se sugiere pescado, aceite y
vino, Sí abstenerse de carne y todo producto animal así mismo lunes, martes,
jueves y sábado. Miércoles y viernes: Ayuno estricto
Preparación para la fiesta de la Presentación de la Santísima Theotokos en el Templo.
Tono VI
Primer Evangelio Matutino (Mateo
28: 16-20)
APOLITIQUIOS
1º)
De la Resurrección. Tono VII:
Αγγελικαί Δυνάμεις επί τό μνήμά
σου, καί οι φυλάσσοντες απενεκρώθησαν, καί ίστατο οι Μαρία εν τώ τάφω, ζητούσα
τό άχραντόν σου σώμα. Εσκύλευσας τόν Άδην, μή πειρασθείς υπ' αυτού, υπήντησας
τη Παρθένω, δωρούμενος τήν ζωήν, ο αναστάς εκ των νεκρών, Κύριε δόξα σοι.
Habiendo dado fruto a la única siempre Virgen,
hoy Santa Ana nos desposa con la alegría en vez de nuestra antigua aflicción.
Este día cumple sus votos al Altísimo, conduciendo en el Santo Templo del Señor
a la Teotocos, quien es verdaderamente el templo y Madre pura de Dios el Verbo.
3°) Del Templo: Tu nacimiento Madre de Dios Virgen, anunció la alegría a todo el universo. Porque de Ti resplandeció el sol de justicia Cristo nuestro Dios, anulando la maldición y concediendo la bendición y destruyendo la muerte, otorgándonos la vida eterna.
Contaquio
Hoy el mundo entero se llena de gozo y de alegría
en la fiesta resplandeciente y propicia de la Madre de Dios. Con gran voz, el
mundo entero grita: en verdad ella es el tabernáculo celestial.
Salva Señor, a tu pueblo y bendice tu heredad.
Verso:
A ti clamaré, oh, Señor mi fortaleza; no guardes silencio para mí.
Carta del Apóstol Pablo a los Efesios (2: 4-10)
Hermanos: 4Dios, rico en misericordia, movido por el gran amor que nos tenía, 5estando muertos a causa de nuestros delitos,
nos vivificó juntamente con Cristo —por gracia han sido salvados—, 6y con él nos resucitó y nos hizo sentar en los
cielos en Cristo Jesús. 7De este
modo, puso de manifiesto en los siglos venideros la sobreabundante riqueza de
su gracia, por su bondad para con nosotros en Cristo Jesús. 8Pues han sido salvados gratuitamente, mediante
la fe. Es decir, que esto no viene de ustedes, sino que es un don de Dios; 9tampoco viene de las obras, para que nadie se
gloríe. 10En efecto, hechura suya
somos: creados en Cristo Jesús para que hagamos buenas obras, que de antemano
dispuso Dios que practicáramos.
Evangelio
Santo Evangelio según San
Lucas (12: 16-21)
16Dijo el Señor esta parábola: «Los campos de
cierto hombre rico dieron mucho fruto; 17y
pensaba entre sí, diciendo: “¿Qué haré, pues no tengo donde reunir mi cosecha?”
18Y dijo: “Voy a hacer esto: Voy a
demoler mis graneros, y edificaré otros más grandes y reuniré allí todo mi
trigo y mis bienes, 19y diré a mi
alma: Alma, tienes muchos bienes en reserva para muchos años. Descansa, come,
bebe, banquetea.” 20Pero Dios le
dijo: “¡Necio! Esta misma noche te reclamarán el alma; las cosas que
preparaste, ¿para quién serán?” 21Así
es el que atesora riquezas para sí, y no se enriquece en orden a Dios».
En la Iglesia
Ortodoxa muchas fiestas tienen un período de preparación antes de la fiesta
misma. Por ejemplo, la Santa Pascua tiene toda la cuaresma como período de
preparación. De igual manera, otras fiestas tienen temporadas de anticipación.
Las temporadas de anticipación nos ofrecen una oportunidad de prepararnos tanto
espiritualmente—a través de oraciones, vigilias, y confesión—como
litúrgicamente—a través de los himnos y lecturas que nos hablan de la fiesta
venidera. Así es en el día de hoy, cuando empieza nuestra preparación para la
Fiesta de la Presentación de la Theotokos en el Templo. Durante los primeros
días del ayuno de Navidad, la Iglesia celebra la fiesta de la presentación de
la niña María en el Templo de Jerusalén, esta fiesta, que no se cuenta entre
los eventos recordados en el Evangelio, es una de las doce fiestas mayores del
año litúrgico. El propósito de esta no es conmemorar un evento histórico sino
más bien celebrar un misterio dogmático de la fe cristiana: el que cada ser
humano ha sido creado para llegar a ser un templo viviente de Dios.
Reflexionemos
Nos
encontramos en este domingo, con un relato familiar. No es raro oír de personas
comentarios semejantes a los que fueran proferidos por el personaje de la
Parábola que Jesús uso para más de una vez transmitir sus enseñanzas. La riqueza
no es seguro de vida y mucho menos demuestra que estamos cumpliendo la voluntad
de Dios o no. Para los cristianos no siempre la riqueza es señal de bendición
divina; y si puede muchas veces ser causa de perdición. Jesús inicia su
parábola contando que cierto hombre tenía una gran cosecha, y que no tenía
bodegas suficientes para almacenarla, ya que las que poseía estaban
abarrotadas. Pensó entonces en construir graneros mayores y aumentar sus
riquezas para después disfrutarlas, comiendo y bebiendo. Su error está centrado
en un horizonte terreno. A el lo que le importa es el tener; el comer y beber;
disfrutar de la vida y todos los placeres que le son ofrecidos. Trabajó durante
muchos años, acumulando bastante para después disfrutar. Contra esta manera de
pensar la vida, el propio Dios responde: ¡"Insensato"! No somos
dueños de la vida. La muerte hace parte de la vida; ella es inherente a la
realidad; no podemos huir o escapar de su curso. La muerte nos revela que la
vida tiene una dimensión finita, mensurable por el tiempo y limitada por el
espacio. El cristiano debe ver la vida como un don de Dios y no como una
propiedad suya. Si es don de Dios, a El debemos prestar cuentas. Nuestra
preocupación no debería ser como la del rico de la parábola: acumular tesoros
para el mundo. Esos tesoros son bienes temporales y deben ser vistos e
aceptados como tales, esto es, contingentes, efímeros, transitorios, pasajeros.
Los que de hecho son perenes y duraderos son los tesoros que "ni la
polilla ni la herrumbre corroen". El hecho de poseer "bienes
materiales" no es condenable. Se torna prejudicial, cuando nos dejamos
poseer de ellos. El avariento, o codicioso no posee, sino que es poseído por
sus bienes e deseos. El apego es colindante con la caridad, con la donación y
con la entrega. Es necesario que nuestras relaciones con los bienes de este
mundo no se tornen en obstáculos a la relación filial que tenemos con nuestro
Dios y que ellos sean apenas medios para mejor promover la dignidad humana y
jamás, un fin en si mismos. Nuestro tesoro es Dios y, aunque carguemos este
tesoro en vasos de arcilla, como nos lo revela el Apóstol Pablo, es preciso que
haya plena confianza en El y en su Providencia. Esta confianza es una condición
para que resistamos a los requerimientos consumistas y al apego material en
general de nuestro tiempo y de nuestra sociedad. La base de la confianza del
hombre está en la certeza de la fidelidad de Dios. Fácilmente los hombres
denominan "ricos" a los que poseen bienes, a los que tiene posesiones
y por tener tanto son tratados de manera singular, especial, muchas veces en
detrimento de los demás. Para Dios rico es aquel que, con lo que posee ayuda a
los que poco o nada tiene. “Quien se apiada del débil, presta a Dios, el cual le
dará su recompensa." (Prov. 19:17). Ricos o pobres, afortunados o
no, todos nos enfrentaremos con la realidad de la muerte. No llevaremos nada de
lo material. Ojalá, no seamos nosotros llamados "insensatos", cuando
deberíamos ser prudentes al acumular tesoros que nos aprovechen para la
eternidad.
El mismo Jesús ayunó y enseñó a sus
discípulos a ayunar.
El
propósito del ayuno es adquirir dominio sobre uno mismo y vencer las pasiones
de la carne. Se trata de liberarse de la dependencia de las cosas de este mundo
con el fin de concentrarse en las cosas del Reino de Dios. Se trata de dar
poder al alma para que no ceda a la tentación y al pecado. De acuerdo con San
Serafín de Sarov, el ayuno es un “medio indispensable” para obtener el fruto
del Espíritu Santo en nuestra vida, y Jesús mismo enseñó que algunas formas del
mal no pueden ser conquistadas sino a través de él (Mt 17:21, Mc 9:29). Los
hombres ayunan, por lo tanto, y deben ayunar, sólo para ser liberados de las pasiones
carnales, para que el don gratuito de la salvación en Cristo pueda producir
muchos frutos en sus vidas. Los hombres ayunan para que puedan servir con mayor
eficacia a Dios que los ama y los ha salvado en Cristo y el Espíritu. El ayuno
sin esfuerzo es totalmente en vano. “...En el ayuno no sólo se debe obedecer la
regla en contra de la gula en lo que respecta a la alimentación, sino también
abstenerse de todo pecado, para que, durante el ayuno, la lengua pueda también
ayunar, evitando la calumnia, la mentira, el hablar mal, degradando al hermano
y produciendo ira y cualquier otro pecado cometido por la lengua. También se
debe ayunar con los ojos, es decir, no ver cosas vanas... ni mirar con
desprecio a nadie. Las manos y los pies también deben mantenerse puros de cada
mala acción. Cuando uno ayuna a través de la vanidad o pensando que está
logrando algo especialmente virtuoso, ayuna tontamente y pronto comienza a
criticar a los demás y se considera a sí mismo como algo grande. Un hombre que
ayuna sabiamente... gana la pureza y la humildad... y demuestra ser un
constructor hábil” (San Abba Doroteo, siglo VII, Sobre la Formación
Espiritual). San Pablo mismo ayunó, y en su enseñanza sobre ayunar de alimentos
insiste en que los hombres deben hacerlo en secreto, sin juicio por parte de
los demás.
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