Oración de la tarde
PRECES
Glorifiquemos a Cristo, bendito por los siglos, y, pidiéndole que envíe el Espíritu Santo a los que ha redimido con su muerte y resurrección, digamos:
Salva, Señor, a los que has redimido.
Envía a la Iglesia el Espíritu de la unidad,
— para que desaparezcan todas las disensiones, odios y divisiones.
Tú que libraste a los hombres del dominio de Satanás,
— libra también al mundo de los males que lo afligen.
Tú que, dócil al Espíritu, diste cumplimiento a tu misión,
— haz que los sacerdotes hallen en la oración la fuerza y la luz del Espíritu para ser fieles a su ministerio.
Que tu Espíritu guíe a los gobernantes,
— para que busquen y realicen el bien común.
Tú que vives en la gloria del Padre,
— acoge a los difuntos en tu reino.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.
ORACIÓN
Que tu Espíritu, Señor, nos penetre con su fuerza, para que nuestro pensar te sea grato y nuestro obrar concuerde con tu voluntad. Por nuestro Señor Jesucristo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

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