CAPÍTULO 15
El Culto Ortodoxo, III: Fiestas, Ayunos y Oración Privada
La verdadera meta de la oración es
trabar conversación con Dios. No se limita a determinadas horas del día. El cristiano
debe sentirse presente en persona ante Dios. La meta de la oración es
precisamente estar siempre con Dios.
Padre Georges Florovsky
EL CALENDARIO CRISTIANO
Para quien quiera recitar o seguir
los oficios públicos de la Iglesia Anglicana, le bastará (al menos en teoría)
con tener dos volúmenes - la Biblia y el ‘Book of Common Prayer’ (o el ‘Alternative
Service Book’); lo mismo que en la Iglesia Católica Romana
solamente hacen falta dos libros - el Misal y el Breviario; los oficios de la
Iglesia Ortodoxa en cambio, son tan complejos que haría falta toda una pequeña
biblioteca de diecinueve o veinte tomos sustanciosos. ‘Haciendo un cálculo,
moderado,’ comenta J.M. Neale acerca de los Misales Ortodoxos, ‘estos volúmenes
en conjunto comprenden 5.000 páginas en cuarto, de tipo menudo, con doble
columna de texto. Pero esos tomos, que pueden parecer tan pesados a
primera vista, constituyen uno de los grandes tesoros de la Iglesia Ortodoxa.
Esa veintena de volúmenes contiene
los oficios del calendario cristiano - la serie anual de las fiestas y los
ayunos conmemorativos de la Encarnación y su cumplimiento en la Iglesia. El año
litúrgico comienza el 1 de septiembre. La fiesta de mayor preeminencia, Fiesta
de las Fiestas, es la Pascua, que se clasifica en primera categoría. De
importancia secundaria a ésta son las Doce Fiestas, que son normalmente las siguientes:
Nacimiento de la Madre de Dios (8 de septiembre)
Exaltación de la Honorable y Vivificante Cruz (14 de
septiembre) Entrada al Templo de la
Madre de Dios (21 de noviembre)
Nacimiento de Cristo (Navidad) (25 de diciembre)
Bautismo de Nuestro Señor en el Río Jordán (Teofanía
o Epifanía) (6 de enero)
Encuentro de Nuestro Señor (Presentación de Cristo
en el Templo) (2 de febrero)
Anunciación a la Madre de Dios (25 de marzo)
Entrada de Nuestro Señor en Jerusalén (Domingo de
Ramos) (una semana antes del Domingo de la Pascua)
Ascensión de Nuestro Señor Jesucristo (40 días
después del Domingo de la Pascua)
Pentecostés (llamado en oriente Domingo de la Trinidad)
(50 días después del Domingo de la Pascua)
Transfiguración de Cristo (6 de agosto)
Dormición (en occidente, Asunción) de la Madre de
Dios (15 de agosto)
De hecho que tres de las Doce
Grandes Fiestas dependen de la fecha del Domingo de la Pascua, por lo que se
llaman fiestas ‘móviles’; las otras son ‘fijas’. Siete son fiestas del Señor, y
las otras cinco son fiestas de la Madre de Dios.
Luego, además de éstas doce, existe
gran cantidad de otras fiestas, de mayor o menor importancia. Las más destacadas
son las siguientes:
Circuncisión de Cristo (1 de enero)
Tres Grandes Jerarcas (30 de enero)
Nacimiento de San Juan Bautista (24
de junio)
San Pedro y San Pablo (29 de junio)
Degüello de San Juan Bautista (29
de agosto)
Velo Protector de la Madre de Dios
(1 de octubre)
San Nicolás Milagrero (6 de
diciembre)
Todos los Santos (Primer Domingo
después de Pentecostés)
Además de fiestas, hay también ayunos. Enfocando al
ser humano como unidad de cuerpo y alma, la Iglesia Ortodoxa viene insistiendo
desde siempre que es menester someter tanto el cuerpo como el alma a la
disciplina. ‘El ayuno y el autodominio priman sobre las demás virtudes; son madre,
raíz, fuente y fundamento de todo el bien.’ Los períodos de ayuno principales de cada año son
los siguientes:
I
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Gran Ayuno (Cuaresma) - comienza siete semanas antes
del Domingo de la Pascua
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II
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Ayuno de los Apóstoles - comienza el lunes, ocho
días después de Pentecostés, y acaba e128 de junio, en vísperas de la Fiesta
de San Pedro y San Pablo; es de duración variable, de entre dos y seis semanas.
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III
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Ayuno de la Dormición - dura dos semanas, del 1 al
14 de agosto.
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IV
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Ayuno de Navidades - dura cuarenta días, del 15 de
noviembre al 24 de diciembre.
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Además de estos cuatro períodos principales,
todos los miércoles y los viernes - y los lunes también en ciertos monasterios
- son días de ayuno (todos menos los que caigan entre el día de Navidad y el
día de Epifanía, o día de Reyes; y los miércoles y viernes de Semana Clara, que
sigue al Domingo de la Pascua, y de la semana después de Pentecostés). Las
fiestas de la Exaltación de la Cruz, el Degüello de San Juan Bautista, y las
vísperas de Epifanía son también días de ayuno.
Las reglas de ayuno en la Iglesia
Ortodoxa son de tal rigor que muchos cristianos occidentales quedarán
asombrados e incluso disgustados. En casi todos los días de la Gran Cuaresma y
de Semana Santa, por ejemplo, está prohibido consumir no solamente carne sino
también pescado y todo producto animal (manteca, huevos, mantequilla, leche,
queso), vino y aceite. Sin embargo, en la práctica muchos ortodoxos - sobre
todo los que residen en occidente - ven que bajo las condiciones de la vida
moderna ya no resulta factible observar la rúbrica tradicional, elaborada para
realidades exteriores y contextos muy distintos al nuestro; por eso, se
conceden ciertas exenciones. Aun así, el período de la Gran Cuaresma - sobre
todo la primera semana y la Semana Santa- sigue siendo, para los ortodoxos devotos,
tiempo de auténtica austeridad y de pruebas físicas considerables. Aun tomando
en cuenta las exenciones y remisiones concedidas, sigue siendo cierto que los
cristianos ortodoxos del siglo XX - tanto legos como monásticos - ayunan con
una severidad que no tiene equivalente en la cristiandad occidental, salvo
quizás en algunas de las órdenes Religiosas más estrictas.
Diferentes momentos del año litúrgico
se marcan con ceremonias especiales: la gran bendición de las aguas el día de
Teofanía (se celebra fuera muchas veces, a orillas de un río o en la costa del mar);
bendición de frutos el día de la Transfiguración; exaltación y adoración de la
Cruz el 14 de septiembre; el oficio de perdón el domingo justo antes del comienzo
de la Cuaresma, oficio en el que clérigos y legos se arrodillan todos ante cada
uno, individualmente, y se piden perdón. Pero, como es de esperar, los momentos
más conmovedores e impresionantes del culto ortodoxo ocurren en Semana Santa,
según la Iglesia se va adentrando, día a día y hora a hora, en la Pasión del
Señor. La Semana Santa llega a su cumbre, primero en la procesión del Epitaphion
(efigie del cadáver de Cristo amortajado) el viernes santo por la noche, y
luego en las exultantes Matutinas de la Resurrección a la medianoche de la
Pascua. Es imposible asistir a este oficio nocturno sin sentirse atrapado por
la sensación de alegría universal. Cristo liberó al mundo de su antiguo cautiverio
y terror, por lo que la Iglesia entera se regocija, triunfante, de Su victoria
sobre la muerte y las tinieblas.
Antes de abandonar el tema del año
eclesial, deberíamos tratar la cuestión batallada del calendario. Hasta finales
de la Primera Guerra Mundial, todos los ortodoxos utilizaban todavía el Calendario
Antiguo o Juliano, que en la actualidad se atrasa por un plazo de trece días al
Calendario Nuevo o Gregoriano, de uso corriente en occidente. En 1923, se reunió
en Constantinopla un Congreso Inter-Ortodoxo al que asistieron representantes
de algunas Iglesias Ortodoxas, pero no de todas; los reunidos decidieron introducir
una versión revisada del Calendario Juliano, que correspondía para los efectos
al Calendario Nuevo, o Gregoriano. El cambio se efectuó en Constantinopla y en
Grecia en marzo de 1924, pero provocó mucha controversia y no fue adoptado en
todos los sitios. En la actualidad, el Calendario Juliano Revisado se observa
en Constantinopla, Alejandría, Antioquía, Rumania, Bulgaria, Chipre y Grecia;
pero en Jerusalén, Rusia, Serbia, Georgia y Polonia, así como en el Monte Santo
Athos, se sigue observando el Calendario Antiguo Juliano, sin revisiones. Lo cual supone una situación difícil y confusa, que
se espera pronto acabará. Actualmente, los griegos (fuera de Athos y Jerusalén)
celebran las Navidades en las mismas fechas que los occidentales, e125 de
diciembre (Calendario Nuevo); en cambio los rusos lo celebran trece días más
tarde, el 7 de enero (Calendario Nuevo); los griegos festejan la Epifanía el 6
de enero, los rusos el 19; etcétera... Sin embargo, la Iglesia Ortodoxa en su
casi totalidad festeja el Domingo de la Pascua el mismo día, con el cálculo de
la fecha del equinoccio según el Calendario Antiguo, prescindiendo del Juliano
Revisado. Lo cual significa que el Domingo de la Pascua del calendario ortodoxo
a veces coincide con el de occidente, y a veces cae una o cinco - o de vez en
cuando cuatro - semanas más tarde. La Iglesia finlandesa y algunas pocas
parroquias situadas en occidente siempre festejan las Pascuas para coincidir con
la fecha occidental.
La reforma del calendario despertó
viva resistencia, sobre todo en Grecia, donde se formaron grupos de ‘Antiguos Calendaristas’
(Palaioimerologitai), los cuales rompieron con la Iglesia oficial nuevocalendarista
y establecieron organización propia y separada. Pese a la persecución que
padecieron a manos de las autoridades civiles griegas, estos grupos contaban
con sustancioso número de secuaces en las décadas de los 1930 y 40, junto con
obispos y monasterios propios, y unas 800 parroquias que sumaban quizás un millón
entero de feligreses. Pero en tiempos más recientes, se han ido dividiendo en
varios grupos rivales, con pérdida de influencia. Hay Antiguos Calendaristas
también en Chipre y en Rumania. Los monjes del Monte Athos, a pesar de su
adherencia al Calendario Antiguo, en su mayor parte mantienen comunión con el
Patriarcado de Constantinopla y la Iglesia griega oficial. Los Antiguos
Calendaristas ven las alteraciones al Calendario como un primer paso en el camino
de innovaciones del siglo presente que, según ellos, viene corrompiendo a las
principales Iglesias Ortodoxas. A su ver, aquí se trata no solamente de un mero
asunto técnico de trece días, sino de la pureza de la fe ortodoxa. Se oponen
ante todo a las iniciativas tomadas por el Patriarca Ecuménico, entre otras, con
miras a la reunificación con los cristianos de occidente.
ORACIÓN PERSONAL
Además de la oración pública y
litúrgica, existe también la oración personal, doméstica - los rezos diarios
que se recitan por la mañana y por la noche ante los iconos, ya por la familia
entera ya por cada miembro de ella a nivel individual. Existen manuales especiales
de oraciones diarias. La mayoría del contenido, sin embargo, deriva de los Misales
utilizados para el culto público, así que incluso estando solos rezamos con la
iglesia, empleando rezos y locuciones que se están recitando a la misma vez en
un sinnúmero de iglesias parroquiales y monasterios. ‘La oración personal solamente
se puede realizar en un contexto comunitario. Nadie es cristiano por separado,
sino como miembro del cuerpo. Incluso en la soledad, ‘en la cámara’, el cristiano
reza como miembro de la comunidad redimida, la Iglesia. Y es precisamente en la
Iglesia donde aprende sus prácticas de la devoción.’ Claro que los Manuales sirven solamente como pauta
general, y todos tenemos libertad de rezar espontáneamente, con locuciones
propias.
Tomemos como ejemplo dos oraciones
extraídas del Manual; la primera es una oración para el comienzo del día,
escrito por Philaret, Metropolita de Moscú, quien imitaba quizás el modelo
occidental:
Señor, déjame afrontar el día que
viene con apacibilidad. Ayúdame a confiar en Tu santa voluntad siempre y en
todo. En cada hora del día revélame Tu voluntad. Bendice mis relaciones con
todos los que me rodean. Enséñame a tratar todo lo que se me venga con
serenidad del alma, y con la firme convicción de que Tu voluntad rige todo. En
lo que hago y lo que digo dirige siempre mis pensamientos y sentimientos.
Cuando surjan sucesos imprevistos, no se me olvide que todos son enviados por
Ti. Enséñame a actuar con firmeza y sagacidad, para no amargar o desconcertar a
los demás. Dame fuerza para soportar la fatiga del día que viene con todo lo que
conlleve. Dirige mi voluntad, enséñame a orar, Tu Mismo ora en mí. Amén.
He aquí algunas locuciones de la
intercesión general con la que se clausura la oración nocturna:
Señor, quien amas a todos, perdona
a aquellos que nos odian y nos dañan. Recompensa a nuestros benefactores.
Concede a nuestros hermanos y hermanas y amigos todo lo que pidan para su salvación
y vida eterna. Visita y sana a los enfermos. Libera a los presos. Dirige a los
navegantes. Acompaña a los viajantes... De los que nos han pedido orar por
ellos, indignos que somos, ten piedad según Tu inmensa misericordia. Recuerda,
Señor, a nuestros padres y hermanos y hermanas difuntos, y dales descanso donde
Tu faz resplandezca sobre ellos...
Conviene destacar un tipo de
oración de uso muy común en occidente desde tiempos de la Contra-Reforma, que
nunca fue característica de la espiritualidad ortodoxa - es la ‘Meditación’
formal, practicada según determinado ‘Método’- ignaciano, sulpiciano,
salesiano, u otro. Se les insta a los ortodoxos a leer la Biblia o los escritos
de los Padres detenida y pensativamente; pero esta práctica, con todo lo excelente
que es, no se considera oración, ni tampoco se ha sistematizado y reducido en
algún tipo de ‘Método’. Se le insta a cada uno a leer según y conforme con la
práctica que más le convenga.
Pese a que los ortodoxos no
practican la Meditación discursiva, existe otro tipo de oración personal que
sí, figura desde hace muchos siglos en la vida ortodoxa, con extraordinaria
preeminencia - a saber, la Oración de Jesús: Señor Jesucristo, Hijo de Dios,
ten piedad de mí. En vista de que se suele acusar a los ortodoxos de no prestar
atención suficiente a la persona de Cristo Encarnado, merece puntualizar que
este rezo - más característico de la oración ortodoxa - es por esencia oración
centrada en Cristo, oración que va dirigida al Señor Jesús y se concentra en
Él. Quien se críe en la tradición de la Oración de Jesús jamás olvidará la
importancia central de la Encarnación.
Los ortodoxos suelen recitar esta
oración con la ayuda de una especie de cuerda con nudos en sarta, algo parecida
al rosario occidental pero no del todo: la cuerda ortodoxa suele hacerse de lana
o de bramante, por lo tanto no hace ruido, a diferencia de las cuentas del
rosario.
El rezo de la Oración de Jesús es
de uso maravillosamente flexible. Es una oración a disponibilidad de los
principiantes, pero capaz a la vez de abrir acceso a los más profundos misterios
de la vida contemplativa. Se puede emplear por quien sea, a la hora que sea, en
el lugar que sea: haciendo cola, caminando, viajando en autobús o en tren; en
el trabajo; en horas de insomnio por la noche; en tiempos de ansiedad particular
que impide concentrarse en oraciones de otro tipo. Pero claro, aunque de este
modo cualquier cristiano se pueda servir de la Oración en momentos particulares,
es otra cosa recitarla de modo más o menos continuo y practicar los ejercicios
físicos asociados con ello. Los entendidos de la espiritualidad ortodoxa suelen
enfatizar en sus escritos que quien espere servirse de la Oración de modo más
sistemático, de ser posible, debería someterse a la dirección de un guía espiritual
instruido, y no tomando iniciativas propias.
Los hay para quienes llega el
momento en que la Oración de Jesús ‘se adentra en el corazón’, y ya no les hace
falta esforzarse por recitarla, deliberadamente, sino que ella se recita a sí
misma espontáneamente, sin interrupciones, incluso cuando esa persona esté
hablando o escribiendo; presente en sus sueños, le despierta por la mañana.
Según lo dice San Isaac el Sirio:
Cuando el Espíritu elige su morada
dentro del hombre, ya no deja de rezar, porque el Espíritu orará sin cesar en
sus adentros. Entonces, ni cuando esté durmiendo, ni cuando esté despierto, se
cortará la corriente de oración de su alma: sino que cuando esté comiendo y
bebiendo, acostado o trabajando, e incluso durmiendo, los perfumes de la oración
alentarán espontáneamente su corazón.
Los ortodoxos creen que el poder de
Dios está presente en el Nombre de Jesús, así que la invocación de este Nombre
Divino sirve de señal efectiva de la acción de Dios, dotada de gracia
sacramental. ‘El Nombre de Jesús, que reside en el corazón humano, comunica al
corazón el poder de la deificación... Mediante la luminosidad del corazón, la
luz del Nombre de Jesús ilumina el universo entero.’
Tanto para los que lo reciten ininterrumpidamente
como para los que lo empleen de vez en cuando, la Oración de Jesús resulta ser
fuente de alegría tranquilizadora. Citemos al Peregrino:
Y desde entonces, así es como voy caminando,
repitiendo incesante la Oración de Jesús, que me es más dulce y preciosa que
cualquier otra cosa del mundo. Hay días que camino más de cuarenta y tres o
cuarenta y cuatro millas, sin darme cuenta apenas de que estoy caminando, consciente
nada más de que estoy recitando mi Oración. Cuando me aflige el frío, cortante,
me echo a recitar mi Oración con mayor vehemencia, y en seguida me entra calor
en todo el cuerpo. Cuando me aflige el hambre, invoco el Nombre de Jesús con
mayor frecuencia, y se me olvidan las ganas de comer. Cuando caigo enfermo y me
da el reumatismo en la espalda y las piernas, me concentro en la Oración, y el dolor
pasa desapercibido. Si alguien me hace daño, solamente con pensar “¡Cuán dulce
es la Oración de Jesús!”, en seguida se desvanecen la ofensa y el enfado, y se
me olvidan por completo... Le doy gracias a Dios porque ahora comprendo el significado
de aquellas palabras que escuché en la Epístola - Orad sin cesar (1
Tesalonicenses 5: 17).
‘Libro de Oración Común’ o ‘Libro Alternativo de los Oficios’.
Traducción
de The Way of a Pilgrim, R.M. French, p.17-18. Cuarenta y tres millas son
aproximadamente setenta kilometros.
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