Hombres, ángeles y demonios en la lucha por el conocimiento de Dios. San Evagrio Póntico
San Evagrio Póntico

De la naturaleza racional que
existe «bajo el cielo» (Ecle 1,13),
una parte combate, otra parte acude en ayuda del que combate, y otra parte
lucha contra el que combate, desatando y levantando contra él una fuerte batalla. Los que combaten son
los hombres; los que lo ayudan, los ángeles de Dios; y los que se le oponen,
los demonios malignos. Pero si [en
los hombres] disminuye o desaparece el «conocimiento de Dios» (Prov 17,2), [no es]
por la gran fortaleza de los
enemigos ni por la negligencia de los ayudantes, sino por la laxitud de los que
combaten1.
Es
insólito, para una sensibilidad moderna, reunir
ángeles, hombres y demonios en una única «naturaleza racional» (phýsis logiké); nos es familiar, en cambio, la idea de que los demonios son ángeles caídos, y por
ello de la misma «naturaleza» que los ángeles. Para Evagrio, ángel,
hombre y demonio
son tan sólo expresiones del «estado» (katástasis) correspondiente —bueno o malo— en que se encuentra
la «naturaleza racional»2. Esta «diferenciación» (diaíresis) es de naturaleza secundaria3 y está destinada, a través de la acción salvífica
de Cristo, a ser superada. Con todo, en este
eón es inmutable4.
De estas tres clases
principales, el hombre es el único ser que, gracias a su «cuerpo práctico»5, está en
condiciones de mejorar o empeorar su «estado». No sólo puede transformarse en
«ángel», sino también en «demonio»6. Esto significa, en conformidad con la limitación arriba
anunciada, que en esta vida gracias a su gran pureza puede hacerse «semejante a los ángeles»7 e incluso llegar a alcanzar
un «estado casi angélico»8. Si, por el contrario,
se deja dominar
por las pasiones, en particular por la ira, se hace «semejante a la serpiente» y se transforma en un «demonio»9.
En efecto,
se le ha conferido el órganon de su cuerpo humano para que ejercite las virtudes con este «instrumento»10. Sin embargo, su «libre voluntad» (proaíresis), su «poder sobre sí mismo» (autexoúsion), conlleva también la posibilidad opuesta de elegir el mal y hacerse
esclavo del vicio11.
Por
tanto, la existencia terrena del hombre está determinada por la lucha y por la decisión12. En esto, vienen en su ayuda los ángeles13 y, en particular, el ángel de la guarda personal14, mientras
que los demonios, siendo sus «opositores» (antikeímenoi), intentan
de todo para hacerlo caer15. Esta lucha se despliega en buena
parte en el interior del hombre al
nivel de los «pensamientos». Mientras los ángeles le sugieren pensamientos
buenos, los demonios le proponen pensamientos malignos16. El
hombre está plenamente en condiciones de elegir entre unos y otros gracias
a los pensamientos que
brotan de las «semillas» de la virtud, sembradas en la «tierra» de la
naturaleza humana en el momento de la creación, y por ello indelebles17.
Tales movimientos de conciencia, como los llamaríamos, se encuentran hasta en los peores pecadores, ¡incluso si éstos
estuvieran en los infiernos18!
De
este modo, nada le falta al hombre para hacer el bien y oponerse al mal. En
caso llegue a ceder en esta lucha realmente impar, la culpa será sólo suya19.
Como demuestra Evagrio con muchos ejemplos en el libro octavo del Antirrhetikos, negar esta
responsabilidad personal es una de las más peligrosas tentaciones: la soberbia. Ésta, bajo la forma
de la blasfemia, rechaza la propia
responsabilidad humana,
incluso en el caso de la fornicación20, como
también la asistencia de los ángeles21, es
decir la providencia de Dios22. Por este camino se llega también,
lógicamente, a la negación de la justicia
de Dios en la retribución del
bien y del mal23.
La
conclusión de este primer párrafo menciona el núcleo alrededor del cual gira la
reflexión de Evagrio: el conocimiento
de Dios, es decir, en primer lugar, el conocimiento
indirecto de Dios a través de la contemplación de lo creado (physiké), en el que Dios se revela por medio de sus obras24; luego, el
conocimiento de Dios mismo (theologiké) en el
encuentro inmediato con las tres Personas divinas25. Ya
que este conocimiento inmediato de Dios aquí en la tierra se realiza en la
oración «en espíritu y verdad», Evagrio puede también decir que toda la lucha
entre nosotros y los demonios
gira únicamente en torno a la «oración verdadera»26. Así
se repite, en el plano de la vida de
cada día, lo que sucedió en el «inicio»
sin tiempo, meta–histórico. A causa de su negligencia (améleia), los espíritus creados fueron privados27 de su unión inicial
con Dios y, con ello,
también del conocimiento de Dios que
les pertenecía en los orígenes28.
Por tanto, ¡lo que aquí está en juego no es otra cosa que el propio destino del hombre!
Fuente: Contra los Pensamientos Malignos.
Paginas 13-18
Evagrio Pontico

1 Ant., Pról., 1.

2 Ver In Eccl., 6,10–12 (Géhin 52).
3 Ver In Prov.,
17,2 (Géhin 153).
4 Ver In Prov.,
1,32 (Géhin 16).
5 Ver KG, IV,82.
6 Ver KG, V,11 y III,76.
7 Or., 113.
8 In Ps., 118,1710θ; ver 57,5β.
9 Ep., 56,4.6.
10 Ep., 57,4.
11 Ver
In Eccl., 6,10–12 (Géhin 52).
12 Ver Pract., 48.73.83.
13 Ver Or., 81; KG, VI,35.86.
14 Ver
In Prov., 19,4 (Géhin
189).
15 Ver Pract., 45;
véase también 84; In Ps., 16,11ε, etc.; Or., 10.47ss; KG, I,25; III,41.
La conclusión de este primer párrafo menciona el núcleo alrededor del cual gira la reflexión de Evagrio: el conocimiento de Dios, es decir, en primer lugar, el conocimiento indirecto de Dios a través de la contemplación de lo creado (physiké), en el que Dios se revela por medio de sus obras24; luego, el conocimiento de Dios mismo (theologiké) en el encuentro inmediato con las tres Personas divinas25. Ya que este conocimiento inmediato de Dios aquí en la tierra se realiza en la oración «en espíritu y verdad», Evagrio puede también decir que toda la lucha entre nosotros y los demonios gira únicamente en torno a la «oración verdadera»26. Así se repite, en el plano de la vida de cada día, lo que sucedió en el «inicio» sin tiempo, meta–histórico. A causa de su negligencia (améleia), los espíritus creados fueron privados27 de su unión inicial con Dios y, con ello, también del conocimiento de Dios que les pertenecía en los orígenes28.
Fuente: Contra los Pensamientos Malignos.
Paginas 13-18
Evagrio Pontico
1 Ant., Pról., 1.
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2 Ver In Eccl., 6,10–12 (Géhin 52).
3 Ver In Prov.,
17,2 (Géhin 153).
4 Ver In Prov.,
1,32 (Géhin 16).
5 Ver KG, IV,82.
6 Ver KG, V,11 y III,76.
7 Or., 113.
8 In Ps., 118,1710θ; ver 57,5β.
9 Ep., 56,4.6.
10 Ep., 57,4.
11 Ver
In Eccl., 6,10–12 (Géhin 52).
12 Ver Pract., 48.73.83.
13 Ver Or., 81; KG, VI,35.86.
14 Ver
In Prov., 19,4 (Géhin
189).
15 Ver Pract., 45;
véase también 84; In Ps., 16,11ε, etc.; Or., 10.47ss; KG, I,25; III,41.
16 Ver Ep., 18,1–2
(véase Sk., 18; Mal. cog. r.l., 31); Pract., 24.
17 Ver
KG, I,40; Ep., 43,2.3.
18 Ver
Ep., 43,3 (KG, I,40);
In Prov., 5,14
(Géhin 62).
19 Ver
Pract., 6; Ep.,
25,2.
20 Ver
Ant., II,4–5.
21 Ver
Ant., VIII,3.7.
22 Ver
Mal. cog., 5.
23 Ver
Ant., VIII,16; ver In Eccl., 6,10–12 (Géhin
52).
24 Ver
Ep. fidei, 12,41–42; In
Ps., 17,12z.
25 Ver
Pract., Pról., 8; ver Ep., 58,2; KG, III,41.
26 Or., 50;
ver 51.
27 Ver KG, I,49.
28 Ver KG, II,3.
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