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La Compasión de Jesús y los 10 Leprosos

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1. Localización del episodio en el conjunto del Evangelio La curación de los diez leprosos (17,11-19), aparece en la segunda sección del evangelio (9,51-19,28). Recordemos que este gran bloque nos cuenta los avatares del viaje de Jesús y sus discípulos desde Cafarnaún a Jerusalén. Durante el viaje, Jesús se preocupa muy especialmente de instruir a sus discípulos acerca de las verdades del reino de Dios. Si comparamos esta sección con la primera (4,14-9,50), apreciaremos una notable diferencia. Durante su ministerio en Galilea Jesús realiza muchos milagros y desarrolla diversas acciones; en cambio, la predicación ocupa mucho menos espacio. A lo largo de su recorrido hacia Jerusalén se invierten los términos; la predicación y la enseñanza pasan a un primer plano mientras que la descripción de los milagros ocupa una posición más secundaria, y que tiende -generalmente- a ilustrar algún aspecto de la predicación. En el camino hacia Jerusalén, Jesús se hace Palabra. Una Palab...

El Padre Nuestro la Oración de la Liberación Integral

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El Evangelio de hoy nos muestra una vez más como Jesús oraba de manera constante, en todo momento y lugar. como siempre, sus discípulos le acompañan, pero en esta ocasión le piden que les enseñe a orar. Jesús les enseña entonces, la Oración del Padre Nuestro.  Pero podríamos preguntarnos además, ¿que encierra esta bella oración para los creyentes, que a veces se repite en las celebraciones litúrgicas de manera mecánica?. somos conscientes de la enseñanza implícita que tiene esta oración? A veces las tradiciones de devoción mandan a repetir 5 padre nuestros y tantas otras ave marías, ¿tiene sentido una oración repetitiva que no es meditada en cada una de sus expresiones? mas aun, tiene el Padre Nuestro una connotación de liberación integral para nuestros dí...

Oración de la Monja

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Cristo, soy una monja. Para mucha gente esto quiere decir un ser «infantil», «desfasado», «alienado», «inútil», «encerrado», «solitario ». Quizás no se equivocan los que critican una situación  en la cual sólo unas pocas consiguen ser adultas, modernas,  libres, útiles, felices. Soy una de tantos millares de monjas, que hoy soportan el peso de una estructura atrasada e inhumana, en la que, con el pretexto de servir a Dios, ni siquiera logran ser personas. No son, Señor, los ateos, los masones, los anticlericales —como a veces dicen nuestras superioras—, los que  nos critican. Son los cristianos serios, vivos, cercanos al evangelio,  comprometidos, los que sufren con nosotras la situación injusta y a veces intolerable  de un millón de mujeres   que, en un mundo que se va haciendo cada vez más adulto, nos vemos obligadas a seguir siendo inmaduras, capaces  únicamente de movernos generalmente entre los niños, lo...