Homilía de Año Nuevo: La Palabra Viva

 


¡Queridos hermanos y hermanas! ¡Familia, amigos de la Mision San Basilio, bendiciones en esta noche!

​Me alegra muchísimo poder compartir con ustedes, mis seres más queridos, esta celebración tan especial. Estamos a las puertas de un nuevo año, y qué mejor manera de despedir el que se va que reuniéndonos y, sobre todo, escuchando juntos la Palabra de Dios que nos da luz y esperanza.

​El Evangelio que hemos proclamado, el inicio de San Juan, es uno de los textos más profundos y bellos de toda la Escritura. Es la página con la que la Iglesia comienza a narrar la historia de Jesús. Escuchémosla de nuevo en el corazón:

​"En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios..." (Juan 1, 1)

El Verbo: La Palabra que lo crea todo

​Esta frase, que parece tan elevada y compleja, es en realidad un mensaje muy sencillo y fundamental para nuestras vidas. El Verbo (o el Logos, como dice el griego) no es otra cosa que la Palabra de Dios.

  • En el principio: Nos recuerda el Génesis, el comienzo de todo. Pero Juan nos dice que, antes de que existiera el tiempo, antes de este universo y antes que nosotros, ya existía el Amor de Dios, su Palabra.
  • La Palabra con Dios y que era Dios: Esto nos enseña que el Hijo, Jesús, no es un invento de la historia, ni un hombre bueno que vino después. Él es la eterna y perfecta manifestación de Dios. Él es Dios mismo.

​Piénsenlo, familia: Dios no es un Dios silencioso. Él es la Palabra que se dice a sí mismo. Y por puro amor, esa Palabra quiso ser dicha para nosotros, para que nosotros, sus criaturas, pudiéramos entenderle.

La Luz en la Oscuridad

​Luego, el texto continúa con una imagen que resuena mucho en la Nochevieja:

​"La vida era la luz de los hombres, y la luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la sofocaron." (Juan 1, 4-5)


​Al despedir un año, no podemos evitar mirar hacia atrás. Vemos los logros y las alegrías que nos han dado luz, pero también vemos las sombras:

  • ​Las penas, las pérdidas, las enfermedades que nos tocaron.
  • ​Los errores que cometimos, las palabras duras que dijimos, los momentos de soledad o desesperanza.

​Hermanos, ese dolor y ese error son las tinieblas. Pero el Evangelio nos da una promesa inquebrantable: la Luz de Cristo brilla en ellas y las tinieblas no la sofocaron.

​Esto significa que, por más duro que haya sido el año, por más grandes que parezcan nuestros problemas, la fe en Jesús siempre será una llama que no se apaga. Al entrar al nuevo año, no llevamos solo nuestros miedos, sino la certeza de que la Luz ya venció a la oscuridad. ¡No tengamos miedo de la oscuridad del futuro, porque Él está en ella!

La Gracia y la Verdad

​Finalmente, el corazón del Evangelio nos revela el inmenso regalo de la Navidad, que celebramos apenas hace unos días:

​"Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria, gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad." (Juan 1, 14)


​Aquí está el milagro, la razón de nuestra alegría: El Dios eterno se hizo uno de nosotros. Se hizo parte de esta familia humana. El Creador del universo quiso vivir en un pesebre y crecer en una casa como las nuestras.

  • ​Él no vino con juicios y castigos, sino lleno de gracia. Gracia es el amor gratuito e inmerecido de Dios. Es el perdón que recibimos cada vez que le pedimos perdón, es la fuerza que nos levanta cada vez que caemos.
  • ​Él vino con verdad. La verdad de que somos amados, la verdad de que nuestra vida tiene sentido, y la verdad de que la muerte no es el final, sino el paso a la vida eterna.

Una Propuesta para el Nuevo Año

​Queridos míos, al cruzar la medianoche, les propongo que no solo cambiemos de calendario, sino que abramos de nuevo nuestro corazón a esta Palabra.

El Verbo, la Palabra, no se hace carne solo una vez; se hace carne en nuestras vidas cada día:

  1. Haciendo vida la Palabra: ¿Cómo? Hablando con amor en lugar de con ira. Escuchando con paciencia en lugar de con juicio. Sirviendo con generosidad en lugar de con egoísmo.
  2. Siendo faros de Luz: En esta familia, en nuestro círculo de amigos, seamos esa pequeña llama que ayuda a otro a no perder la esperanza.

​Despidamos este año dando gracias por todo, y recibamos el nuevo año con la profunda convicción de que Jesucristo, la Palabra hecha carne, camina con nosotros. Él es la luz que ilumina, el amor que nos sostiene y la verdad que nos guía.

​Que el 2026 sea un año donde todos y cada uno de ustedes, mis amados, puedan contemplar y vivir la gloria del Verbo, es decir, el amor de Dios en sus vidas.

​Amén.

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