Una oración al atardecer.



Bendito seas, Dios Soberano, nuestra luz y nuestra salvación, a ti la gloria y la alabanza por los siglos.

Para disipar la oscuridad de nuestra noche, enviaste a tu Hijo, el primogénito de toda la creación,
para ser el Cristo, la luz del mundo.

Regocijándonos en el misterio del Verbo hecho carne, lo aclamamos Emmanuel, como toda la creación te canta: Bendito sea Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Bendito sea Dios por los siglos. Amén. 

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