Breve Homilía. El sentido de las bienaventuranzas para nuestros tiempos. Mateo 4, 25-5, 12
Esta es una reflexión sobre el pasaje de las Bienaventuranzas (Mateo 4, 25-5, 12), adaptada a los desafíos y ruidos de nuestro siglo XXI.
El Mapa de la Verdadera Felicidad: Una Homilía para Hoy
Queridos hermanos y hermanas:
El Evangelio de hoy comienza con una imagen poderosa: grandes multitudes siguen a Jesús. Vienen de todas partes —Galilea, Decápolis, Jerusalén—. Si lo pensamos bien, no son tan distintos a nosotros. Esas multitudes buscaban lo mismo que buscamos hoy al abrir una red social o al trabajar horas extra: alivio, propósito y una pizca de felicidad en un mundo que a menudo se siente caótico.
Jesús sube al monte, se sienta y abre la boca para dar lo que muchos consideran el "Manifiesto del Reino". Pero lo que dice no es un manual de autoayuda ni una estrategia de éxito empresarial. Es, de hecho, una revolución de la mirada.
1. La paradoja de la felicidad
En un mundo que nos grita: "Dichosos los que tienen éxito, los que nunca sufren, los que imponen su voluntad y los que acumulan seguidores", Jesús nos da un giro de 180 grados. Las Bienaventuranzas no son un "deber" moral pesado; son una promesa de libertad.
2. ¿Qué significan hoy?
Permítanme traducir estas palabras a nuestro lenguaje cotidiano:
- "Dichosos los pobres de espíritu": En la era del ego inflado y de aparentar que lo tenemos todo bajo control, ser "pobre de espíritu" es reconocer que necesitamos de Dios y de los demás. Es la humildad de decir: "No soy autosuficiente".
- "Dichosos los que lloran": No es un elogio a la tristeza, sino a la empatía. En un mundo de "positividad tóxica", Jesús bendice a quienes no endurecen el corazón ante el dolor ajeno o propio.
- "Dichosos los limpios de corazón": Hoy vivimos bajo mil filtros (reales y metafóricos). Tener el corazón limpio es vivir con integridad, sin dobles caras, buscando la verdad por encima de la conveniencia.
- "Dichosos los que trabajan por la paz": No dice "los que aman la paz" (sentados en el sofá), sino los que la construyen. En una cultura de polarización y "cancelación", el pacificador es quien tiende puentes donde otros levantan muros.
3. Una alegría que el mundo no da
La gran noticia de este pasaje es que la felicidad (la bienaventuranza) no depende de que las circunstancias sean perfectas. Jesús no dice: "Serás feliz cuando no tengas problemas". Dice que eres bendecido ahora mismo, en medio de tu lucha, porque Dios está de tu lado.
Las Bienaventuranzas son el recordatorio de que los valores de Dios suelen ser lo opuesto a los valores del mercado. Mientras el mundo valora el poder, Jesús valora el servicio. Mientras el mundo valora el ruido, Jesús valora la mansedumbre.
Conclusión
Seguir a Jesús no nos hace inmunes al sufrimiento, pero nos da una razón para atravesarlo. Al bajar hoy de nuestra propia "montaña" espiritual, preguntémonos: ¿A qué voz le estoy creyendo? ¿A la del mundo que me exige ser perfecto, o a la de Jesús que me llama bendecido en mi fragilidad?
Alégrense y saltén de gozo, porque si viven desde el amor y la justicia, están construyendo un pedacito de cielo aquí en la tierra. Amén.

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